Editorial

Holanda contra el populismo

Viernes 17 de marzo de 2017

Existía una comprensible inquietud sobre los resultados que arrojarían las elecciones celebradas en Holanda. Y no era para menos. No fueron escasas las encuestas que llegaron a situar como ganador a Geert Wilders, líder del Partido por la Libertad, formación de extrema derecha que se asienta en un ideario populista, racista y marcadamente antieuropeo. Pero, por fortuna, se ha impuesto la cordura y los holandeses han dado la espalda a los cantos de sirena con los que los populismos tratan de embaucar a los votantes. Y ahora, sin duda, lo tienen cada vez más fácil en un mundo globalizado y complejo que exige superar muchos desafíos ante los que algunos sienten vértigo. En esa situación, figuras como la de Wilders se aprovechan de las circunstancias ofreciendo “soluciones” que no son tales y buscando chivos expiatorios.

Holanda se ha volcado en las urnas, con una altísima participación -lo que es un dato muy positivo-, y ha respaldado al actual primer ministro, Mark Rutte, que realizó una campaña en la que advirtió del peligro del ascenso de su adversario, y sus compatriotas le han escuchado, pues, en este caso, más allá de su lógica aspiración de ganar, su llamamiento a frenar el populismo era necesario. Especialmente en unos momentos en los que se avecinan en Europa dos decisivas citas con las urnas: la elección de los miembros del Bundestag alemán, y, sobre todo, los comicios presidenciales en Francia, ya a la vuelta de la esquina. Una victoria de Wilders habría dado alas a Marine Le Pen y su Frente Nacional.

Mark Rutte ha tenido que hacer frente a la crisis diplomática con la Turquía de un Erdogan vertiendo inaceptables acusaciones contra Holanda, a la que calificó de “nazi”, y a la amenaza de ataques cibernéticos, planeando la sombra de Putin. Y deberá encarar el reto de formar Gobierno contando con otros partidos, dada la fragmentación del voto. Pero tener que practicar la cultura del pacto y del acuerdo no es negativo.