Opinión

El retrato de Wert

TRIBUNA

Francisco Massó | Sábado 18 de marzo de 2017

La vanidad de don José Ignacio ha debido quedar bien pagá, con los 20.000€ que, dicen, nos ha costado su retrato de ex ministro. A falta de competencias, cualquier día amplían el edificio ministerial, para seguir colgando retratos de cesantes. En éste, él aparece con la boca ligeramente abierta; hace una mueca, a caballo entre el desdén, el asco, la amargura, o la simple incompetencia de quien intenta decir, no sabe qué y se calla. Le pasa al retratado lo que a su ley: intentó ciertos arreglos, sin saber dónde se metía y quedó non nata, derogada antes de entrar en vigor, un simple rictus. Ahora, el docto Rivera lo quiere arreglar.

En el campo de la enseñanza, los verdaderos recortes son sangrantes en todo lo que corresponde a las Humanidades. Puede que esto sea planificado, incluso por los bolonios, porque ahora no nos vamos a caer del guindo de la ingenuidad.

La Música, que en Austria es una materia curricular desde la Enseñanza Primaria, aquí aparece en segundo de la ESO y desaparece al año siguiente. Se ve que, a esas edades, la sensibilidad ya ha encallecido, y el sentimiento estético es un ojo de pollo que ha salido en los pies.

La Lengua Latina, nuestra madre, se presenta en cuarto de la ESO, modalidad de Letras. Los biólogos, químicos, geólogos, veterinarios y médicos no necesitan saber latín, ¿para qué?, si luego al sistema tegumentario (de tegumentum) le van a llamar pellejo.

La Lengua y Literatura Española tampoco es relevante. Antes, una falta de ortografía en un examen universitario, suponía un suspenso automático. Hoy, si sólo tienen cinco, merecen un laudo.

No sé si por esto, es decir, por ir rebajando el nivel de exigencia desde la ESO, o por la endogamia vergonzosa del profesorado, que también, no tenemos ninguna universidad entre las 100 mejores del mundo. Desde luego, no es por falta de ministros y ministrillos. Y el dinero nos sobra, hasta para echarlo en cuadros.

Ciencias sociales es un cajón de sastre, un desván destartalado. Ahí cabe todo: Geografía, Historia, Filosofía, Historia del Arte, etc.; es decir, son los grandes almacenes, sin boutiques.

Respecto a la Historia: la Universal no interesa, porque, con ese marco, la Autonomía resulta pequeña, insignificante, sin relevancia en el tiempo. Con la Geografía pasa igual, pero en el espacio. Y salta a la vista, se ve demasiado. La de España, tampoco conviene, porque crea identidad patria; a la gente se le suben los humos a la cabeza y cree ser Felipe II, ¡quita, quita!. Así pues, hemos de conformarnos con estudiar al Mencey Beneharo en Canarias, Breogán en Galicia, Viriato en Zamora, y Cristobal de Mondragón, alias el Coronel…, no, perdón, que éste luchó en pro del Imperio. Es decir, que hay que acercar los contenidos al alumno, para que el aprendizaje resulte significativo y no se vaya a perder el pobre entre tanto barullo.

La peor parada es la Filosofía. ¡Qué ideas!, ¿a quién se le ocurre enseñarle a pensar a la gente?, ¿cómo los vamos a manipular después, si generan un sentido crítico?, ¿para qué les va a servir conocer que existió un señor que se llamó Sócrates?. Bueno, sí; a éste conviene que lo conozcan, porque lo condenaron a muerte por ateo y movilizar a la juventud: que aprendan que, quienes cuestionan lo establecido corren el riesgo de que les inviten a tomar cicuta. Pero, otros como Platón, Séneca, Spinoza, Hume, Voltaire, Hegel…, todo eso no sirve para nada. ¡Fuera, fuera!

¿Historia del Arte?, ¿es que existe eso?, ¿qué es alta tecnología? No me lo puedo creer. Ni los artesanos caben ya en el mundo de la globalización, como para dar cabida a los artistas. Y mucho menos llenar la cabeza de la chiquillería con ideas abstrusas como propuesta, símbolo, semántica, perspectiva, proporción, armonía, sentido del color, emoción, trascendencia. ¡Uf!

El humanicidio se ha consumado porque el homo sapiens sapiens no interesa, resulta una res cogitans muy peligrosa, que no se va a conformar con eslóganes propagandísticos. Por cierto, a propósito de eslóganes, aquello antiguo de Libertad, Igualdad y Fraternidad, hoy se ha modernizado: la Libertad es “lo que me mola”; la Igualdad, ir, o estar con los colegas; y la Fraternidad es llamar a los otros broder.

En cambio, el homo faber… ¡qué delicia!, trabaja, vota y paga impuestos sin rechistar. Hay que ir a lo práctico, la plástica, que los alumnos desarrollen habilidades para saber moverse después en el mercado. Desde esta rivera de la edad, me temo que ese sea el objetivo más encomiable del pacto propuesto desde la otra.

Si logramos especímenes humanos hueros, no habrá que tenerles respeto, ni acreditar un comportamiento ético en la función pública, ni siquiera ser competente para ejercerla. Bastará con crear frases poderosas, el ideal de coaching. Tampoco habrá pensadores ni cultura; pero, el gesto del retrato de Wert cobrará pleno sentido, entre el desprecio y la desesperanza y tendremos muchos fabricantes, aunque sea de robots. Nos van a sobrar.

Carlomagno, deslumbrado por la civilización romana, quiso saber cómo se podía construir otra semejante. Les preguntó a los sabios de su momento y estos le dijeron que habría que estudiar Retórica, para entender el mundo y poder explicarlo; primero buscar la verdad, luego argumentarla y debatir con el error.

Ellos pensaban que había que pensar: usar la inteligencia para entender la realidad y poder entenderse entre las personas; formar un criterio, capaz de cribar, que fuera crisol entre la verdad y el engaño.

Además, lo que nos hace hombre, a la mujer y al varón, es nuestra espiritualidad, el proyecto existencial, el saber, dar sentido a nuestra vida, fomentar ciertos valores, tener empatía, mirar más allá del corto plazo, soñar con tacto y poner alma en el quehacer diario, desde la cuna a la sepultura. Para ello, hay que confiar en las posibilidades educativas del ser humano.

Esta pretensión es más ambiciosa que españolizar Cataluña, señor Wert, y de más largo alcance que la Ley General de Educación de Villar Palasí, la LOE, la LOCE (también non nata) y la LOGSE. Leyes no nos faltan; se ve que la fábrica de San Jerónimo las produce con profusión. Lo que hemos de crear es civilización.