Opinión

Preverdad

TRIBUNA

Raúl Mayoral | Domingo 19 de marzo de 2017

Como Manolito, el pastorcillo, anunciaba ¡que viene el lobo, que viene el lobo! y luego era mentira, así los implacables lobos de ETA anuncian la mentira de su abandono de las armas y pretenden hacernos creer que cuidarán del rebaño. ¡Mira qué obsesión tienen algunos con los muertos de la guerra civil y los nombres del callejero! Son los mismos que al mismo tiempo manifiestan su insultante indiferencia ante los asesinados por la barbarie etarra. La rigurosidad de la memoria histórica se afloja cuando se trata de recordar a las víctimas de la banda convirtiéndose en recuerdo amañado.

El británico Mark Thompson, presidente y consejero delegado del New York Times, tiene escrito en un reciente libro, Sin palabras, que la anti-retórica y la posverdad han vuelto para quedarse. Que las redes sociales configuran un nuevo escenario en el que el protagonismo es de las exageraciones mediante fake news (noticias falsas). Thompson dice que la gente quiere creerse una narrativa tan ciegamente que prefieren ignorar los hechos. Opina, asimismo, que el lenguaje y en particular el éxito del lenguaje disruptivo que es obviamente muy distinto a la retórica política, están teniendo un efecto político.

A estas alturas no vamos a descubrir que las redes sociales son, a veces, el reino de Trapisonda. Pero es cierto también que la manipulación de las masas siempre ha existido: comunismo, nazismo, fascismo fueron ejemplos paradigmáticos de demagogia y tergiversación de la opinión pública. En España, sin ir más lejos, ya sabemos como las gastaban los frentepopulares del 36 (¡arderéis como en el 36! gritaba una miliciana anteayer), maquinando la manipulación de la verdad de las urnas que es una verdad aritmética.

Jean François Revel, maestro en el conocimiento inútil apuntó que la información incurre en el vicio de no ver lo que existe y de ver lo que no existe, es decir, silenciar y omitir lo cierto e inventar y crear la mentira. En esta operación desempeña un papel importantísimo un instrumento básico: el lenguaje, mejor dicho, el abuso del lenguaje, que se presta a una deformación de la significación correcta. Al escritor francés Paul Léautaud le solía reprochar Valette, director de la prestigiosa revista Mercure, que nadie le leía, que nadie le escuchaba. El agudo literato le respondió: Esta es precisamente la prueba de que digo la verdad. Algo parecido nos pasa hoy. Tenemos la impresión de que clamamos en el desierto. De que nadie nos atiende. Pero debemos perseverar y seguir oponiendo a las locuras de estas horas turbulentas las precisiones de la verdad y hacerlo con la esperanza de convencer. Porque no lo olvidemos, la crisis de la verdad es también la crisis de la libertad.