Opinión

ETA: ¡qué gran noticia!

TRIBUNA

Emilio Arnao | Viernes 24 de marzo de 2017

Alzose el grito. Se ha usado el oficio de adelantado. Ha ganado el inmenso esfuerzo que durante todas estas últimas décadas ejercieron tanto las Fuerzas de Seguridad del Estado como el tesón de la política. Muchos -demasiados quizás- se han quedado por el camino. Pero ahora regresa la sala de los linajes. Da la impresión que la banda terrorista ETA por fin se ha dado cuenta de su debilidad, de su inutilidad y hasta de lo absurdo de su existencia. Ha llegado el día que todos esperábamos, esto es, el desarme de los asesinos y seguramente su desintegración total. Por fin podemos hacer sonar las chirimías y hasta el rock de las guitarras eléctricas. Todo hace pensar que, tras la durísima lucha contra el terror por parte del Estado de Derecho, se va a acabar el terrorismo en un país que ha sufrido lo indecible. Ha habido treguas, negociaciones ocultas entre el Estado y la banda criminal, la presión enérgica y fulminante por parte de las asociaciones de víctimas, la lucha callejera por parte de la ciudadanía española de bien. España se ha ganado a pulso el fin del terror. Mucho ha costado. Con virgo están todavía las espaldas. Ha llovido demasiado dentro de los corazones -como decía Paul Verlaine-. Cautivo y desarmado, el ejército del tiro en la nuca ha sido derrotado. La guerra ha terminado.

No obstante, dicho esto, quiero comentar que ahora sí llega el turno de la gran política. Tenemos que ser más sabios que nunca. Calibrar esta situación sacude un especial cuidado. Porque lo que ahora se entierra puede desenterrarse estando vivo todavía el muerto. Por eso no me parece nada desdeñable la actitud que vierten el lehendakari Urkullu así como la voz de otros partidos políticos en relación con el acercamiento de los presos. No intento decir que se hagan concesiones del tipo rebajar las condenas, ni mucho menos una suerte de amnistía. Los presos etarras deben cumplir enteramente lo que ha dictado la justicia. Pero calculemos bien el difícil todavía camino que nos queda por delante. Aunque sea aludiendo a la carta de los derechos humanos -si bien los asesinos no merecen ni carta, ni naipe, ni derechos humanos al grado sumo- no estaría mal ese punto de inflexión que permitiría ya definitivamente la paz total. Acercar a los etarras a sus familias sería un gesto de buena voluntad por parte del Estado español. ETA debe entregar las armas y pedir perdón a las víctimas -incluso a todos los españoles-. Por contra el acercamiento de los presos no me parece una idea descabellada. No seamos Donald Trump. No deconstruyamos lo que parece puede ser la construcción definitiva de un país que ha sufrido tanto. Permitir que los familiares de los asesinos puedan comunicarse con ellos de una manera más sencilla no es ningún tipo de concesión política ni de bajarse los pantalones. Sólo sería la demostración que la grandeza de nuestra alma incluso es capaz de superar esa esperanza que tal vez el terrorismo ni siquiera se merezca. Que haya lucidez y buen tino. ¡Allá darás, rayo¡