La frenética lluvia que cayó sobre la región estadounidense de Florida frenó la deriva que eliminaba a Garbiñe Muguruza del Abierto de Miami en su debut en el torneo. La jugadora local Christina McHale se había apuntado la primera manga con insultante soltura (6-0) e iba dominando el segundo set por 3-2. La tempestad que azotó Cayo Vizcaíno hasta obligar a aplazar el resto de la jornada del torneo femenino y del Masters 1.000 masculino estaba ofreciendo una soga a la irregular jugadora española, que luchaba contra su mente en ese brete atmosférico.
Sólo duró 27 minutos un primer set en el que Muguruza no pudo, impotente, defender su servicio en ningún momento. Ofuscada y falta de convicción, la hispano-venezolana sucumbió de forma irremisible y clara ante el agigantado crecimiento de la fe de McHale, de 24 años y número 46 de la WTA. Se estaba desarrollando la presentación oficial de la jugadora norteamericana con una de las mejores raquetas como víctima propiciatoria, pero el punto inicial en blanco daría paso a una reacción de la española que, nerviosa pero algo más centrada, había logrado equilibrar el apagón padecido en el tenebroso arranque de duelo.
La noche llegó para replantear el asunto y Garbiñe salió a pista con más actitud y finura en el golpeo que el jueves. Esto le llevó a empastar la intensidad que le planteaba la rival pero no conseguiría la española imponer su mayor clase y preponderancia física y sabiduría en la ocupación de los espacios. Su respingo le llevaría sólo a arrancar un tie-break en el que se jugó su supervivencia. Ese callejón sin salida resultaría sintomático, pues experimentaría un intercambio desconcertante de mandatos del que, finalmente, saldría a flote Muguruza.
Con el partido empatado todo aparentaba dirigirse hacia una trayectoria de resolución jerárquica de la española (no obstante, había registrado cinco breaks en su desenlace). Pero, ni mucho menos. Las dudas y su pugna con sigo mismo volverían a copar el escenario para sufrir un break a las primeras de cambio que situaría a su oponente con 0-2 en la manga definitiva. Otra vez se obligaba Garbiñe a remontar y de nuevo bregaría, circundando la épica en una maniobra que se está pegando a su estela como un elemento identitario. De hecho, en el tie-break mencionado llegó a salvar una bola de partido de su oponente.
Se alagaría la batalla de este primer asalto del Premier Mandatory hasta las 2 horas y 24 minutos. Shuai Zhang es la jugadora que esperaba rival mientras que Muguruza y McHale alternaban golpes y errores en un duelo ya equilibrado. El sol que había relevado a la lluvia en la pista central de Crandon Park estaba ejerciendo de marco de un enfrentamiento sin gobierno, en el que cada jugadora era capaz de despegarse o de promocionar un momentum de su antagonista. Pero la española emergería en el momento clave para resolver. El 3-4 favorable con el que encaró la recta final abonaría el terreno para que la favorita, al fin, jugara con la impronta necesaria para gestionar su ventaja y traducirla en un triunfo tan valioso como sufrido.
"Ha sido por los pelos, pero he encontrado la manera", confesó la española al término de un duelo que calificó "de locos". "Esto no se ha acabado" pensó al despertarse esta mañana, toda vez que cayó en la cuenta de que la lluvia le permitió "pasar de página y disponer de un segunda oportunidad, porque (su rival) no fallaba nada".