Editorial

Europa, el enemigo en casa

Sábado 25 de marzo de 2017

Hoy se cumple el sesenta aniversario del Tratado de Roma, germen de lo que sería la Unión Europea (UE). Los veintisiete jefes de Estado o de Gobierno de los países miembros se reúnen en la capital italiana, donde ayer fueron recibidos por el Papa Francisco en el Vaticano. La reunión de los mandatarios europeos debería ir más allá de la foto de familia, pues la celebración no coincide precisamente con los mejores momentos de la UE, que se enfrenta a grandes y complicados retos. Uno, y de no poca envergadura, es la actitud nada halagüeña del nuevo inquilino de la Casa Blanca hacia el Viejo Continente.

Pero quizá la peor y más inquietante amenaza se halla en su propio seno. Lo demostró Gran Bretaña con el tsunami del Brexit, al que arrastró la errónea decisión del expremier británico David Cameron de convocar tan infausto referéndum sobre el asunto. Y es prueba palpable de ello el avance no solo de los euroescépticos, sino de partidos populistas que decididamente apuestan por la descomposición de la UE. La lección que dieron recientemente los holandeses con su rechazo a Geert Wilders, líder del Partido por la Libertad, formación de extrema derecha basada en un ideario populista, racista y marcadamente antieuropeo, supuso un respiro. Pero la amenaza sigue muy presente.

Máxime con un Putin que se frota las manos ante la posibilidad de desguace de la UE. Apoyó a Trump, y cada vez corteja más a Marine Le Pen. Y la líder del ultraderechista y antieuropeo Frente Nacional (FN) francés -que ha buscado financiación en bancos rusos- no le hace precisamente ascos. Le Pen estaba en Rusia invitada por varios diputados de la Duma, pero Putin ha querido estrechar los lazos de manera más personal, y se ha reunido con ella en el Kremlin. La dirigente del FN ha acudido rauda y feliz a la cita, declarando que desea un acercamiento a Moscú. Y no solo eso. Ha echado un directo capote a su anfitrión, señalando que las sanciones impuestas a Rusia son “injustas” y “estúpidas”. Parece que a la señora Le Pen le resulta no ya pecata minuta, sino algo estupendo, la anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia.

Putin ha dicho que en ningún caso pretenden influir en procesos electorales ajenos como el que se avecina de las presidenciales francesas. Es habitual en Putin decir una cosa y, entre bambalinas, trabajar por todo lo contrario. Lo hemos visto en Siria, llenándosele la boca con que luchaba contra el Daesh, cuando su objetivo principal era el respaldo a Bashar-al-Asad. No en vano en su día el presidente ruso fue un conspicuo agente de la KGB. Marine Le Pen, aspirante al Elíseo, está muy bien situada en las intenciones de voto. Si llegase al poder sería un gran torpedo en la línea de flotación de la UE. Esperemos que el ejemplo de Holanda no caiga en saco roto.