Opinión

Senectud parlamentaria

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Domingo 26 de marzo de 2017

La desgracia londinense de nuevo ha levantado una densa polvareda de palabrería. Muchos medios, sean éstos impresos o visuales, recuerdan que el Parlamento británico, el más antiguo de las democracias europeas, no cambiará la libertad y democracia que rige su funcionamiento. La premier británica, Theresa May, subrayó durante su discurso que no tiene ningún miedo. Sin embargo, la cuestión fundamental es otra: ¿están basadas estas declaraciones en algo más firme que las meras palabras? ¿Qué acciones concretas realizarán Theresa May y su gabinete para enfrentarse al terror?

La situación del Reino Unido es bastante preocupante. Aparte de que la mayoría de la población está apesadumbrada por el pronto y duro Brexit, existe un vasto segmento de la población que no está integrado en la sociedad británica o, más bien, está separándose de ella a causa de su radicalización. Lugares como Birmingham, Sparkbrook, Sparkhill son núcleos de los yihadistas desde hace más de una década. Ante esta realidad terrible de una comunidad democrática amenazada, el discurso que alaba los valores como la sociedad abierta, la libertad de expresión, los derechos humanos y el imperio de la ley, suenan al más espantoso vacío.

Pero por mucho que critiquemos la palabrería de May, representante primera de la senectud del Parlamento británico, el Reino Unido tiene que agarrarse como a un clavo ardiendo a la retórica para darle ánimos a una sociedad lesionada. Los dirigentes políticos tendrán que apelar a la unidad de los británicos y al lenguaje enaltecedor de los valores democráticos. Las palabras claro que sirven. Mientras tanto, el Reino Unido, como el resto del mundo libre, tendrá que ser resolutivo y combatir con la fuerza el terrorismo islamista. La violencia hay que combatirla también con la fuerza, o sea, la retórica de las buenas palabras de la señora May tienen sus limitaciones.

El Reino Unido, como el resto de Europa, tiene que atajar el terrorismo islamista con la violencia legítima del Estado de derecho. Sin embargo, y aquí reside la gran tragedia de Occidente, el frente de guerra del Reino Unido no sólo está en el Reino Unido, sino también en Siria, Yemen y, en general, en los países de fuerte influjo islamista. Aquí no hay nada más que una opción: o las democracias occidentales van unidas o el fracaso será estrepitoso. De momento, el Reino Unido ya se ha ido de la UE… Esperemos que siga en la OTAN.