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Honda y McLaren miman a Alonso mientras Webber suelta la liebre

FÓRMULA UNO

M. Jones | Lunes 27 de marzo de 2017
El asturiano guarda silencio público ante las especulaciones de un adiós prematuro a la escudería británica.

La primera jornada del Mundial de Fórmula Uno ofreció al aficionado un buen puñado de elementos reseñables, en favor de la espectacularidad que anhelaba el circo automovilístico más caro imaginable. Desde los tiempos registrados, que revelan la mayor velocidad de los monoplazas (modificación demandada por los pilotos y aceptada por la organización permitiendo más atención en la aerodinámica), hasta el triunfo de Vettel, que, aunque resultara por un fallo estratégico de Hamilton, abona la esperanza precoz de asistir, esta vez sí, a un campeonato que no resulte un monopolio con el paso de las carreras (a pesar de la preocupación expuesta por Jean Todt sobre la brecha entre Mercedes, Ferrari y Red Bull para con el resto de conjuntos). Incluso el televisado rebote de Toto Wolff en su cabina ha sido la guinda del descorche del champán de una nueva cosecha de adelantamientos y velocidad en forma de monoplazas más grandes.

Pero Australia no acogió más que la prolongación, más o menos fidedigna, de lo susurrado en la pretemporada catalana. En concreto, tanto en la cima clasificatoria -comprimida por el progreso de la bala roja transalpina- como en los nubarrones que sobrevuelan a la escudería McLaren-Honda, el rigor con que se han corroborado las sospechas ha sido rotundo. Quizá, por eso, el sabor sea más que agridulce. Y es que el séptimo puesto alcanzado por Carlos Sainz al galope extremado de su Toro Rosso vuelve a contrastar, como en el curso precedente, con un abandono del doble campeón del mundo asturiano. Su retirada a tres vueltas de la conclusión del Gran Premio -debido a una rotura de la suspensión de su monoplaza- y laapariencia de una reiteración del marasmo son, a estas alturas de contrato, abrasivos. O así lo ha transmitido Marc Webber, ex piloto de Red Bull y uno de los mejores amigos de Alonso en el sector.

"Tal vez Fernando no haga el año entero. Tal vez Stoffel (Vandoorne, segundo piloto de McLaren-Honda) tenga un nuevo compañero en algún momento de esta temporada. Puede que Fernando no haga el año completo, nunca se sabe. Está frustrado como un demonio, ni siquiera quiere terminar sexto o séptimo. Fernando no está interesado en puntuar, lo que quiere es estar en el podio. Por ello, está mentalmente lejos de donde le gustaría estar", declaró el australiano a la agencia belga Sporza.


Este diagnóstico empieza a hacerse tangible y por ello su equipo trató de matizar la desazón con la verbalización pública de su admiración para con el piloto al que vienen desilusionando con extraordinaria regularidad. Eric Boullier, director deportivo de la escudería, se apresuró a enjabonar la autoestima de su conductor estrella toda vez que terminó la carrera. "Fernando hizo una carrera prodigiosa e impresionante. Luchando por cada décima de segundo en cada vuelta, de hecho finalizar en los puntos llegó a parecer una posibilidad", avanzó, para rematar su loa exponiendo que "los daños en su coche supusieron un problema definitivo, el suelo era irreparable y tuvo que abandonar. Fue una amarga decepción tras una conducción maravillosa, pero esto son las carreras". Y, por primera vez en mucho tiempo, los gerentes de McLaren y de Honda sintonizaron en su criterio, pues Yusuke Hasegawa, socio del equipo, resaltó que "Fernando, una vez más, pilotó de forma brillante para extraer todo lo posible del coche. Fue decepcionante para el equipo que no pudiera acabar mientras rodaba en los puntos y a sólo cinco vueltas del final".

Lo cierto es que Fernando se limitó a compartir su frustración cuando se le acercaron los micrófonos. Sin ir más allá del presente en su comparecencia. Como viene siendo la norma auto-impuesta. "La mejor carrera de mi vida seguramente hasta ese momento. Pocas veces he tenido un coche tan poco competitivo, sin preparación invernal, teniendo que salvar gasolina de forma infernal un segundo por vuelta, y estábamos en los puntos. Era una sorpresa grande, seguramente una de las mejores carreras que he hecho", interpretó el español. Alonso, que se mostró "sorprendido" por navegar provisionalmente en la zona noble de la parrilla, zanjó su análisis abriendo, sin cortapisas, el balance de situación: "Cuando lleguemos a circuitos más normales nuestra posición será más atrás. Hay que mejorar inmediatamente porque si no vamos a tener carreras muy frustrantes. McLaren tiene que encontrar algo lo antes posible. Stoffel (Vandoorne) y yo haremos lo posible, pero será difícil puntuar".

"Tiene que haber un milagro de Dios para ayudarnos", expuso el resignado piloto a sus responsables en las carreras, según se ha filtrado. El caso es que los ingenieros de Mc-Laren y los de Honda, que han desestimado los plazos de resurrección que ofrecieron antes del fin de semana para relegarlos del Gran Premio catalán al monegasco, regresan a sus cuarteles generales de Woking y Sakura con la promesa de "trabajar por igual en el chasis y la unidad de potencia", en busca de la aplicación de una evolución que resuelva la debacle, o la amaine, con la mayor prontitud.

"Es frustrante que después de dos años todo el mundo esté avanzando y Honda esté donde estaban hace dos años", ha declarado el asturiano en varias ocasiones. Albert Park ha reafirmado los peores guiones y la caducidad de una carrera que cumple ya 16 años podría comenzar a activar la urgencia en la mente del campeón en 2005 y 2006. Por eso su equipo le reitera promesas de rendimiento que se están uniformando de ruegos.

Caso contrario, con respecto a la necesidad rápida de resultados, es el que maneja su compañero Stoffel Vandoorne. El belga sí acabó la carrera, pero su batalla contra monoplazas que rozan el ridículo en su superioridad provocaron que la juventud no le eximiera de la frustración. El piloto novel se desfogó para el medio de su país La Dernière Heure. "Fue muy difícil, no esperaba ni terminar. Ese es probablemente el único punto positivo, que llegamos hasta el final, aunque nunca tuvimos posibilidades de luchar por nada. Nos faltaba mucha potencia y así es imposible adelantar. Estamos pilotando en otra categoría, somos más o menos los últimos, es cierto, no somos competitivos", manifestó. Y su alegato pasó por una descripción de las consecuencias de los fallos estructurales en el pilotaje y en la mente del profesional que los padece.

"Tras ocho o nueve vueltas tuve un problema eléctrico y perdí la pantalla. Y hubo más durante la carrera, tuve que volver al pit para reiniciar el motor porque perdía potencia. ¿Los tiempos? Primero me doblaban frecuentemente y eso ensucia mucho las ruedas. Y segundo porque tenía instrucciones de guardar gasolina. No estoy contento y es normal. Cuando pierdes tres segundos por vuelta no te diviertes, no estás compitiendo", arguyó. A este último punto, el del divertimento, hizo referencia Carlos Sainz cuando le fue preguntada la situación de Alonso tras su pinchazo en el primer día de los test en Montmeló. "Fernando tiene que volver a enamorarse de la Fórmula Uno", dijo el madrileño. A pesar de su lealtad a lo firmado y al deporte, le debe estar costando un poco conseguirlo.

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