Todos los escenarios posibles del futuro político de España son de derrota. El fracaso es inminente. Estamos al borde del abismo como nación. Sólo falta el empujón final y la ruptura estará consumada. La democracia posfranquista ha mantenido el Estado en vilo casi cuarenta años. No es poco. Pero ya no aguanta más. La cuenta atrás ha comenzado de modo inexorable. El criminal, traidor y golpista mesogobierno de Cataluña dicta la nueva época. En frente el gobierno de Rajoy solo quiere ganar tiempo. Una ilusión. La alerta ha aparecido publicada ya en todos los medios de comunicación: el gobierno secesionista de Cataluña prepara las papeletas para el referéndum de independencia o para las elecciones catalanas anticipadas.
Las dos opciones son similares para justificar mi tesis. Da igual que las papeletas sean para el referéndum o para las elecciones, porque ambas demuestran que el Gobierno de Rajoy ha sido vencido. El PP no ha conseguido parar el proceso secesionista. Rajoy lo sabe y solo tiene un camino de salvación para no pasar a la historia de España como un traidor a la patria: adelantarse al mesogobierno regional de Cataluña y convocar elecciones generales anticipadas. Sí, sí, adelantará las elecciones para ocultar la catástrofe a sus votantes. El PP carece de viabilidad con un Estado roto, incluso ya ha reconocido Rajoy que no hay Estado de Derecho en Cataluña.
Rajoy no tiene otra salida que el adelanto electoral. También perderá esas elecciones; más aún, la derrota del PP será estrepitosa en Cataluña, Rajoy lo sabe muy bien, pero es la única manera de culpar a los otros, a los traidores, que aceptarán fácilmente la ruptura de España. Rajoy convocará, en efecto, elecciones anticipadas para entregarle el poder a la coalición PSOE y Podemos, porque su único objetivo, en realidad, su única razón de ser ha desaparecido: la unidad de España. Asistiremos muy pronto a la ruptura final del Estado. El PP pasará a la oposición y el nuevo gobierno formado por la coalición de PSOE y Podemos, que obtendrá la mayoría absoluta, aceptarán con suma facilidad la secesión de Cataluña. De hecho, ya ha sido aceptada, por un lado, el encargado de la ponencia política de la candidatura de la señora Díaz a la Secretaria General del PSOE, el diputado Madina, ha demandado una “constitución” para Cataluña y saltarse las prohibiciones que en el pasado puso el Tribunal Constitucional al Estatuto de la época de Rodríguez Zapatero, y, por otro lado, el señor Pedro Sánchez ya ha dicho varias veces que acepta el plan de Podemos de gobernar en coalición con un estatuto especial, o sea independiente, para Cataluña.
La democracia postfranquista cubre, pues, su última etapa. Nadie quiere contarlo, pero los hechos son incuestionables. Los periodistas y los medios de comunicación del PP, que son menos y de peor calidad que la suma de los medios de PSOE y Podemos, cierran los ojos para no ver lo real. Pero los hechos se convierten en verdades inapelables. Un futuro historiador de la actual crisis del régimen político español dedicará una breve nota a pie de página, a penas una línea, al estrepitoso fracaso de la vicepresidenta del Gobierno de España para detener a los independentistas catalanes, pero responsabilizará al PSOE y Podemos de la ruptura del Estado. A eso juega ahora Rajoy: su único objetivo es quitarse de la escena para que nadie le culpe de un fracaso estrepitoso: la desaparición de España como nación y la ruptura del Estado. El fracaso, sí, del PP en Cataluña es histórico, también lo será en el resto de España en pocos meses, pero su principal dirigente, Rajoy, no quiere arriesgar a que los futuros historiadores de la democracia postfranquista le llamen vende patrias, traidor.
Negro es el futuro inmediato de la democracia española. Nació para mantener, reformar y darle continuidad al Estado-nación, España, pero ha conseguido llevarlo al borde del abismo. El último culpable político de esta derrota tiene un nombre. Está escrito por todas partes. Todo el mundo lo sabe, pero él trata de borrarlo para que no le llamen cobarde o fracasado. En fin, el escenario del futuro de España es sencillo de memorizar: elecciones anticipadas, gobierno de mayoría PSOE-Podemos y aceptación de la ruptura del Estado con una república catalana sangrando a lo que quede de España. Quizá este sea el plan trazado por Rajoy para que no lo acusen de ser el responsable del fin del Estado-nación. Ojalá me equivoque.