Seamus Coleman es uno de los referentes del Everton que se encuentra a dos puntos de los puestos europeos en la Premier League. Empatados a puntos con el Arsenal y a tiro de piedra del United de Mourinho, los Toffees dirigidos por Ronald Koeman enfrentarán el próximo fin de semana al Liverpool, en el intenso derbi del condado de Merseyside. Sin embargo, el digno lateral titular del conjunto azul no podrá participar de ese emblemático envite porque en el partido en que su selección, Irlanda, se jugaba la fase de clasificación al Mundial 2018 ante Gales, fue lesionado de gravedad.
El escalofriante infortunio del que fue víctima, en el que participó la dureza de la entrada del defensor galés del Aston Villa Neil Taylor, le causó una espectacular fractura de tibia y peroné. Lo sobrecogedor de la escena, que saca de las canchas al futbolista hasta 2018, ha compungido a todo aquel que haya visto el lance de un duelo que concluiría con empate a cero. Un resultado que no convencía ni al combinado liderado por Gareth Bale ni a los defensores de Aviva Stadium dublinés. Martin O'Neill, su seleccionador, ofreció al término del enfrentamiento su reflexión sobre el lamentable suceso registrado en el minuto 69: "Seamus estaba teniendo una excepcional temporada con su equipo y la selección, y será una gran pérdida, pero es tan mentalmente fuerte que cuando esté recuperado volverá con la misma brillantez".
Coleman, de 28 años, ya ha sido operado de manera satisfactoria y enfrenta ya el largo proceso de recuperación. Pero su nombre y su mala suerte se han tornado en trascendentales más allá de lo agresivo de la visualización de su lesión, ya que han desempolvado el debate sobre el riesgo que asumen los clubes al ceder a sus jugadores a las selecciones nacionales.
Durante las últimas décadas de fútbol moderno (y mercantilizado a la extrema potencia), un buen puñado de entrenadores han denunciado su contrariedad a la hora de conceder a sus futbolistas la participación en partidos bajo la bandera de su país, ya que, como los dirigentes de los clubes, entienden que se pone en peligro el contrato firmado y el monto acordado. No obstante, Jose Mourinho protestó este lunes, quizá condicionado por el caso que aflige a Coleman, porque su perla Rushford haya sido convocado para disputar el Europeo Sub-21 con Inglaterra entre el 16 y el 30 de junio, en Polonia. La llamada al delantero, que ya fue convocado con la selección absoluta en la pasada Eurocopa, ha generado un enfado que el técnico portugués ha elevado, sin cortapisas, a la FA (federación inglesa de fútbol).
La FIFA tendrá algo que decir en todo esto, reclaman los agraviados. Pues bien, la denunciada responsabilidad no asumida por el máximo organismo gestor del balompié internacional parece haber acabado. El organismo que comanda Gianni Infantino ha aplacado la inquietud, por otra parte perpetua de los clubes (ya que el perjuicio económico puede resultar el menor de los males, o si no imaginen que Messi o Ronaldo se lesionan de gravedad, en este punto del calendario, con sus selecciones), asumiendo el salario de Coleman durante el periodo en que el jugador yazca en el dique seco.
El Programa de Protección a los Clubes de la FIFA es el aparataje reglamentario que cobija la compensación que el ente ofrece al Everton. Según este anexo estatutario, el club no habrá de desembolsar ni una libra, ya que el organismo asume la culpa proporcional en este desastre. Así, el conjunto que se ha quedado sin uno de sus puntales de cara al tramo final de temporada está en posibilidad de adherirse a la cobertura mencionada y así lo ha hecho. El texto dispone que la cifra límite fijada como estipendio semanal no puede rebasar las 112.000 libras (el defensor tiene un salario inferior a las 50.000 libras) y que los pagos de compensación se realizarán cuando hayan pasado 28 días después de la lesión y sólo podrán ser recibidos durante un año.