Editorial

El yerno de Trump en el ojo del huracán

Martes 28 de marzo de 2017

Quizá pensando que no hay mejor defensa que un buen ataque, Donald Trump lanzó no hace mucho a través de su manera preferida de comunicarse, su cuenta de Twitter, una acusación contra los demócratas para relacionarlos con Rusia, tomando como base una fotografía de Chuck Schumer, jefe de la minoría demócrata en el Senado, con Putin. Schumer le respondió de inmediato que su encuentro con el presidente ruso fue en presencia de público y prensa y que está dispuesto a hablar de ello. Parece que el mandatario norteamericano está cada vez más nervioso ante las investigaciones que dos comités parlamentarios y el FBI están realizando sobre la trama rusa.

Unas investigaciones que salpican ya a su círculo más íntimo. Después de los casos de Jeff Sessions, nombrado por Trump fiscal general, que ocultó sus encuentros con el embajador ruso, Sergei Kislyak, y de su exasesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, que dimitió en medio del escándalo, las conexiones con Rusia alcanzaron a Jared Kushner, yerno y asesor de Donald Trump y convertido en hombre fuerte del presidente. A las reuniones secretas de Kushner con el embajador ruso y otros altos funcionarios del Kremlin, se unen las que mantuvo con el presidente del Banco ruso Vnesheconombank, oscura entidad sobre la que pesan sanciones de la UE y hasta del propio Estados Unidos.

Ahora, el yerno de Trump está en el ojo del huracán y deberá testificar en el Senado para aclarar la finalidad de esas reuniones a las que Trump y su entorno quieren quitar cualquier trascendencia. Pero, sin duda, la tuvieron, máxime cuando se sospecha de la presunta intromisión de Rusia en las elecciones norteamericanas a favor de Trump. De toda esta turbia historia, lo único positivo es que se está demostrando que en Estados Unidos funciona el equilibrio de poderes y las instituciones.