Había pronosticado la leyenda española que el duelo de este martes le enfrentaría a un jugador que trataría de acortar los puntos por la vía del juego de saque y red. En efecto, Nicolas Mahut, número 55 del ranking, hizo honor a la categorización como tenista de estilo "agresivo" y llevó a Rafael Nadal a trazar un ejercicio de paciencia, defensa y lectura de los tiempos. El ritmo, en ocasiones disparatado, le jugó en contra a un tenista balear que supo cabalgar sobre ese compás para imponerse en una primera manga igualada y decidida por un break final (6-4).
El set definitivo corroboró lo intrincado de la ruptura del servicio de Mahut. El rocoso sacador mantuvo su rictus y exigió al español al resto, pero la zurda de Nadal y, sobre todo, su consistencia mental, estiraron el esfuerzo hasta un tie break en el que la calidad dictó el desenlace. El intercambio de golpes decisivo resultó una síntesis de lo ajustado de esta confrontación de estilos en la que la excelencia y el talento prevalecieron sobre la potencia. Montado en una trayectoria impecable, el jugador manacorí se asoma a unas semifinales en las que Nishikori también quiere competir en pos del billete a la final de uno de los pocos torneos que todavía no constan en el palmarés de Rafael.
Aún así, en cuartos de final aguarda el estadounidense Jack Sock. Y lo hace tras haber contemplado un envite de ortodoxia en el que sólo cabría una ruptura de saque (la que decantó el primer parcial). Además, la estadística debe preocupar al nativo para defender la bandera que representa en el campeonato de Cayo Vizcaíno, pues la ejecución del que fuera número uno registró sólo 11 errores no forzados y un sensacional 92% de primeros servicios.
Siendo así el escenario, Mahut no dispuso de opciones para provocar las dudas del español y se limitó a presionar con el saque y volea casi en extinción. La vehemencia del francés en ese modelo plano peor efectivo de disposición llevó al balear a reflexionar y probar diferentes herramientas de escapismo, más allá del rendimiento y finura quirúrgica en el saque. Y es que, aunque los dos púgiles gozan de carreras dilatadas, sólo se han visto 3 veces y ese es un pobre bagaje de estudio mutuo. Crandon Park asistiría, entonces, a un respingo de verticalidad y ambición de un Nadal que se destacaba como el más cercano a la rotura en una trama de plano fijo.
Terminaría Rafael por revirar su racha particular con el jugador galo (su última cita concluyó en abandono del español en el US Open de 2011), aunque Mahut dispararía su eficiencia en su poderoso saque (transformó su 38% de primeros servicios del primer set en un 79% en la segunda manga). Sin más argumentos, el resto se le complicaba al contrincante derrotado, hecho que favorecía una estrategia de respuesta que Nadal plasmaría en el tie break. En esas alturas, cuando el partido se balanceaba, supo responder a un minibreak con dos roturas consecutivas para edificiar una ventaja trascendental.
"He estado muy bien con mi servicio todo el partido, no solo con el saque, sino también las siguientes bolas las he jugado bien y he conseguido cambiar direcciones y encontrar golpes ganadores", razonó al término de la batalla. "Me hubiera gustado hacer un 'break' antes en el segundo set, pero cuando llegas al 'tie break' cualquier cosa puede pasar", comentó, tras calificar a Mahut como "sólido".
Sigue profundizando su crecimiento en el juego y en las variantes del mismo el tenista español, finalista del Abierto de Australia y del torneo de Acapulco. Su puesta a punto ha afinado este martes otro puñado de precisión y gestión de las sensaciones para esbozar el sendero que le conduce a las semifinales. La lesión de Milos Raonic ha despejado el horizonte y parece que el jugador español ha somatizado la oportunidad de estrenar su mochila gloriosa en Florida.