Editorial

Escocia: derivas del brexit

Miércoles 29 de marzo de 2017

Hoy Gran Bretaña ha entregado al Consejo Europeo la carta con la que se activa oficialmente el Brexit. Pero Theresa May tiene muchos otros frentes abiertos, entre los que destaca la situación en Escocia. Al poco de instalarse en el 10 de Dowing Street, la premier británica acudió rauda a Edimburgo para reunirse con la ministra principal escocesa Nicola Sturgeon. Theresa May quería a toda costa apagar el fuego de las intenciones secesionistas de Escocia que amenazaba con un nuevo referéndum sobre su separación de Gran Bretaña.

Pero Theresa May no ha conseguido su propósito. El Parlamento escocés acaba de dar el visto bueno a la negociación de una nueva consulta, con la advertencia, proclamada por Nicola Sturgeon, de que si Londres no acepta su celebración tomará medidas. Algo que abre un panorama complejo e incierto, pues ya May ha advertido por su parte que no es el momento para otro referéndum. Pero la táctica de ganar tiempo no soluciona, sino que quizá incluso agrava, un problema que el Brexit ha puesto sobre la mesa con toda su crudeza.

Tras el referéndum celebrado en Escocia hace menos de tres años sobre el asunto, que se saldó con un amplio triunfo de quienes eran favorables a la permanencia de Escocia en Gran Bretaña, todas las encuestas señalaban que la mayoría de los escoceses no querían otro referéndum. Pero el Brexit ha dado pie y oportunidad a que los secesionistas, con Nicola Sturgeon a la cabeza, vuelvan a la batalla con redobladas fuerzas.

El malhadado referéndum que convocó el expremier británico David Cameron sobre la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE) tiene en la cuestión escocesa -y en el delicado equilibrio de Irlanda del Norte- una de sus más indeseables derivas. Más allá de la retórica de May sobre las bondades del Brexit, se está demostrando que con él, ente otros aspectos no precisamente halagüeños, se camina hacia un Reino Unido que puede muy bien convertirse en un Reino Desunido.

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