El señor Puigdemont, de apellido reiterativo, redundante y pleonásmico y, según parece, de aficiones también montaraces, se ha ido a Boston a insultar a su país y proclamar su vesania independentista.
Las ideas, para que no deriven en terquedad obtusa, obsesión irreprimible, o abierta locura obstruccionista, tienen que estar fundamentadas en la realidad, sea jurídica, sea sociológica, sea histórica, sea cultural.
Jurídicamente, aunque yo sea lego en la materia, considero que Cataluña fue colonia de los fenicios. Luego, desde Augusto, estuvo integrada en la Tarraconense y ahí ha ido haciendo el nicho de sus derechos. Por tanto, es difícil que el Derecho Internacional escuche sus pretensiones.
Históricamente, como entidad política, el condado de Barcelona estaba integrado en la Corona de Aragón antes de las Navas de Tolosa, con Pedro II, a principios del siglo XIII; y el de Urgel, llegó un siglo más tarde. Ya ha llovido integración, en ocho y siete siglos, respectivamente.
Sociológicamente, por errores de la Dictadura, Cataluña, durante la segunda mitad del siglo pasado, fue polo de inmigración interior. Franco, para domar al nacionalismo, cebó a la burguesía de los textiles, la automoción, las industrias cárnicas de Vich, etc. Tal política despobló a Castilla, Extremadura y Andalucía, alimentando una gran bolsa de charnegos, maketos, o xurrets según los llaman con idéntico cinismo, en depende qué polo de amor y odio.
Aquel gallego ignoraba el fenómeno de la anomia social. Es decir, que estaba reforzando al nacionalismo visceral con el aluvión de advenedizos, desarraigados, que necesitan radicalizarse, como defensa ante el sentido xenófobo de los autóctonos. Buen ejemplo de lo que digo es el señor Rufián.
Mas, su error mayúsculo fue potenciar el desarrollo económico de las regiones nacionalistas, en detrimento del resto del país, agrandando las diferencias entre el norte y el sur del Ebro. Este hecho, aderezado con el narcisismo que comporta todo nacionalismo, acrecienta la magnitud de la fuerza centrífuga, porque nadie que se precie de clase social, aunque sea de izquierdas, quiere codearse con pobres, que están atrasados, ya que no pueden estar cultivados.
El gallego de hoy hace lo que puede por incurrir en el mismo error. A Cataluña, han llegado en marzo los Reyes Magos, espléndidos y generosos, a deslumbrar con su prepotencia a los coterráneos del señor Puigdemont y les han traído un plan de conexión con el futuro, según le han llamado.
Sr. Rajoy, el futuro no existe. Lo que tenemos es el presente: el de su pasividad incomprensible, de su dolce fare niente de años; el de su atrincheramiento de leguleyo, tras los legajos de los tribunales; el de su inacción de la alta inspección del Estado en materia educativa, de cuyos absentismos vienen estas angustias; el del abandono inveterado de las fuerzas centrípetas que pudieran coexistir allí; el del pactismo con los cuervos que estaban sacándoles los ojos, a cambio del plato de lentejas de la Moncloa, etc. Don Tancredo no puede ahora venir a vencer, y menos a convencer, con otra versión de Bienvenido Mister Marshall; porque, en el mejor de los casos, se le va a ver el plumero y el alcance manipulador de su ocurrencia.
El atraso de ciertas regiones españolas, señores Rajoy y Puigdemont, es fruto del adelanto que disfrutan otras. Recientemente, ya en este siglo XXI, el MOP pagaba en Cataluña la expropiación de tierra a 10.000€ la hectárea; en La Mancha, en los mismos días, a 4.000€. Posiblemente, la obra pública era muy necesaria en ambas regiones; pero el expropiado manchego se conformó con menos de la mitad del cobro que benefició al payés catalán. Eso que todos los españoles somos iguales ante la Ley. Y no es el único agravio comparativo.
El proyecto de secesión es un delirio, inviable, que, de prosperar, nos llevaría al siglo XII. Ese atavismo sería un adelanto cangrejero y estrepitoso.
Espero que podamos encontrarnos en el terreno de la cultura; a fin de cuentas ésta nace del alma del pueblo. ¿Velázquez, Zuloaga, Miró, Fortuny, o Dalí eran atrasados?.¿No?, pues son nuestros pintores. Tampoco Baroja, ni Cervantes, ni Eugenio D´Ors, algunos de nuestros escritores; ni Arriaga, Albéniz, ni Soler, su paisano de Gerona, que se vino al Escorial a echar fama de ser el Mozart español. Tampoco considerará atrasados a Chillida, Benlliure, o Mena. Hay muchos, de antes y después de la Inquisición, y al margen del nacionalismo romántico, que emergió a consecuencia del desgraciado siglo XIX. Recuerde.
Ah!, que todos esos pertenecen al pasado, que tampoco existe. Pues somos hijos del pasado, conviene no olvidar nuestras raíces, para trenzar nuestro presente, sin obsesiones cerriles, ni empecinamientos cegatos, ni siestas célticas. Ya que los charnegos, maketos y xurrets han dejado la plusvalía de su esfuerzo allí donde se tuvieron que ir a trabajar, ¿qué ocurrirá si acrecentamos la solidaridad con sus regiones de origen? La generosidad es un valor y la Justicia Distributiva también. Además, son un medio de modernización.
En la era del pragmatismo, quizá puedan trabarse proyectos de investigación compartidos, para que no se investigue la misma cosa debajo de cada campanario de aldea. Si participamos todos en la Liga de fútbol, podremos crear otras muchas ligaduras, que reafirmen nuestra identidad, poliédrica sin duda, como todo lo humano, pero firme, que la unión nos hará más fuertes.