Sociedad

Quince años del cruel asesinato de Miriam, Toñi y Desirée

niñas de Alcasser

Sábado 26 de enero de 2008
El drama comenzó el viernes 13 de noviembre de 1992, la noche en que las tres jóvenes acudieron a la discoteca Coolor, en la población de Picassent, cercana a Alcasser. Al parecer, no llegaron a entrar en el local. Cuando sus familias notaron su ausencia se montó un dispositivo de búsqueda que movilizó cientos de personas. El rastreo se amplió incluso a otros países.

Fue entonces cuando comenzó la tragedia. Sus padres, angustiados, pasaron por todos los platós de televisión para dar a conocer el suceso. Las caras de Miriam, Toñi y Desirée comenzaron a ser muy familiares para todos los españoles. Sus fotos estaban en cada casa de vecino de Alcasser y muchas permanecen colgadas en estos hogares hoy en día. Más de dos meses después, encontraron sus cuerpos semienterrados en un paraje de La Romana, cerca de la localidad.

"Modus operandi"
Cuando se celebró el juicio, se supo que fueron secuestradas, violadas, torturadas y asesinadas por dos personas, vecinos de la zona: Antonio Anglés y Miguel Ricart. Todos los españoles pudieron conocer al detalle el macabro suceso. Los delincuentes, posteriormente catalogados como psicópatas, vieron a las niñas haciendo autostop y las recogieron para llevarlas a la discoteca. Decidieron pasar de largo y éstas empezaron a gritar. Anglés sacó su pistola las golpeó con la culata del arma y posteriormente las ató. El "Rubio", como llamaban a Ricart, condujo el automóvil hacia Catadau, la zona donde Anglés solía refugiarse cuando le buscaba la Benemérita. Entre gritos y llantos, dos de las niñas fueron violadas tanto por uno como por el otro. Los criminales quedaron agotados por la faena, así que decidieron atar a las niñas y regresan al pueblo en busca de comida.

A su regreso, después de ser violadas en repetidas ocasiones, Miriam, Toñi y Desirée siguieron llorando, cosa que molestó a los agresores que decidieron terminar la faena. Cogieron el pico y la azada y comenzaron a cavar la fosa. Posteriormente desataron a las jóvenes, que creyeron que las iban a soltar, y las llevaron hasta el lugar donde murieron. Anglés puso dos piedras en una camiseta y las golpeó sin piedad. A una le clavaron un cuchillo en la espalda y las tres recibieron disparos en la cabeza. Las vistieron y las enterraron. Luego recogieron los casquillos de los proyectiles y limpiaron el coche.

Ricart sigue en prisión como colaborador necesario de los hechos y al primero se le perdió la pista en Irlanda sin que su búsqueda haya dado frutos. Las familias pudieron recibir, sin embargo, una indemnización de 600.000 euros cada una después de saberse que Anglés, cuando cometió el asesinato, se encontraba en permiso penitenciario.

Pero cuando parecía que llegaba la calma a las vidas de estas familias, inmersas en la tristeza, comenzó el espectáculo televisivo. Todos las cadenas querían tener el testimonio directo del dolor y el padre de Miriam, Fernando García, quien fue duramente criticado por prestarse a ello. Años después, fue acusado de dilapidar las donaciones que numerosas personas hicieron a una fundación que nunca llegó a operar, encaminada a esclarecer los hechos. García nunca quiso explicar dónde fue a parar el dinero, los 78 millones de pesetas con los que se abrió esta asociación de ayuda, cuya cuenta sólo constaba legalmente en un banco del pueblo.

Quince años después, los fantasmas de Alcasser vuelven a las mentes de los vecinos de esta localidad valenciana y a las de muchos españoles cuando salen a la luz nuevos casos de desapariciones de niños en nuestro país, curiosamente cada vez de menor edad.

TEMAS RELACIONADOS: