El de este sábado es un enfrentamiento particular. Porque el derbi capitalino de esta trigésima jornada adopta el rol de juez liguero y de primera puerto de categoría especial en este abril alpino; porque el enfrentamiento entre Real Madrid y Atlético servirá para calibrar la pulsión competitiva y el atino de ambos escuadrones antes de aplicarse a la empresa continental (cuatro días después visitarán los merengues al todopoderoso Bayern y acogerán los colchoneros al inmaculado risorgimento del frenético Leicester); y porque desde el 2013, año en que se fracturó la inercia de 14 temporadas sin triunfo rojiblanco, la amalgama de cuentas pendientes entre ambos púgiles ha crecido de manera directa con respecto al aumento del nivel de los visitantes.
Para consultar la relación de rencillas que envolverán de furor el duelo no hace falta encaminarse lejos ni en el tiempo ni en el espacio. Las dos finales de la Liga de Campeones no han hecho más que refutar lo equilibrado de estos cruces. O, por lo menos, no lo ha subrayado menos que el hecho de que los pupilos de Simeone hayan ganado los tres últimos enfrentamientos directos ligueros en el Bernabéu. Las rencillas se extienden con el amargor y la sed de venganza que emana la ribera del Manzanares, pues en el último derbi que acogerá el Calderón triunfó, con sonrojo, el enemigo íntimo. Además, la posibilidad de nublar el anhelo del título doméstico o el objetivo de la tercera plaza a los contrincantes aliña, aún más, una partida de ajedrez, intensidad, calidad y entraña entre dos plantillas que se conocen al extremo.
Quedará por comprobar cómo gestionan Zinedine Zidane y el Cholo sus planteamientos con respecto al hacinamiento de citas que prevé el calendario. El técnico galo, menos acuciado por las lesiones que su homólogo, llega a la batalla con la plantilla más descansada (ya que su fondo de armario le permitió legitimar su apuesta por rotar sin ambages ante Alavés y Leganés). Los atléticos, por el contrario, se manejan sobre la incertidumbre de las molestias de Gameiro -fuera por una tendinitis en el abductor del muslo izquierdo- o Gaitán -apartado de la convocatoria por una artritis metatarso-falángica del primer dedo del pie izquierdo- y las consabidas bajas de Augusto, Tiago, Moyá y Vrsaljko. Y es en este punto donde entra en juego la duda sobre la convicción en el reparto de esfuerzos, con los cuartos de Champions y el Clásico asomando.
Más allá de esos condicionamientos particularmente decisivos en la apuesta inicial (o posterior) de ambos estrategas, el Bernabéu contrapondrá la inercia dispar de dos equipos en racha pero que navegan atravesando sensaciones encontradas. Los líderes han retomado la vorágine ganadora, más resultadista que convincente, que ya les hizo rozar el récord de partidos sin perder de manera consecutiva. Y es que los madridistas siguen acumulando puntos con la misma facilidad con la que intercalan intervalos de presión coordinada y resolución en el papel controlador con apagones de concentración que desnudan agujeros tácticos y abandonan a la incertidumbre marcadores favorables. Es precisamente el partido de ida (ganaron por 0-3 con hat-trick de un Ronaldo que llegará descansado y hambriento) el clavo ardiendo al que se aferra el camarín y la tribuna locales: presuponen que el vigente campeón de Europa es capaz de conectar compromiso y tino colectivos en los duelos de altura. Pero ese axioma es sólo una sospecha a testar en esta jornada sabatina.
El quebradero de cabeza de Zidane transita entre la baja forma de Modric, la influencia negativa del 4-3-3 en el equilibrio de su esquema y la necesidad de la inclusión de Bale en la dinámica. La reaparición del Benzema resplandeciente en las últimas semanas resulta tan esperanzadora para los punteros como el paso adelante de Isco, Carvajal, Kroos o Ramos, aunque confiar en que un testarazo del sevillano volverá a salvar los muebles aparentaría un optimismo hiperbólico del que lo contemplara. Es por ello que le urge al Madrid cohesionar filas y rendir más atención al manejo del devenir. Deberá elegir Zizou entre presionar o esperar; si mandar o tender a la verticalidad. Porque exponerse a una ruptura interlineal (que se ha dado con demasiada frecuencia, desnudando a un Casemiro desasistido) sería regalar a Griezmann, Koke, Carrasco y compañía demasiada ventaja. Está capacitado el bloque norteño para domesticar la conducción hacia lo físico que podría pretender el Atlético, pero habrá de sintonizar su relación asociativa con el cuero porque ya no es pronosticable un derbi sin sogas adelantadas defensivas de los rojiblancos.
Alineaciones probables:
Real Madrid: Navas; Carvajal, Ramos, Nacho o Pepe, Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric; Bale o Isco, Ronaldo y Benzema.
Atlético: Oblak; Juanfran, Godín, Savic, Filipe; Gabi, Saúl, Koke, Carrasco; Griezmann y Torres.