Opinión

Venezuela y Podemos

TRIBUNA

Emilio Arnao | Viernes 07 de abril de 2017

¡Voto a Rus¡ ¡Qué manía les ha entrado a los diferentes partidos políticos de comparar a Podemos con esa dictadura que es Venezuela¡ El otro día el coordinador general del Partido Popular Maíllo retó en un Congreso celebrado en Castilla y León a que Podemos confirmara que “Venezuela no es una democracia”. Hay diferentes mentideros periodísticos, a la vez, que sólo hacen que profundizar en el wagnerismo de esta relación entre los quincemayistas y el chavismo.

Comprendamos que, antes que se fundara Podemos, algunos de los que hoy son altos cargos de la formación morada trabajaron como consultores políticos para Chaves -por cierto, muy bien remunerados-, pero ello no implica esa conexión entre estalinista y con cubos de basura que desde muchos frentes intentan relacionar una dictadura con el sentido ampliamente democrático que estufa, cual largo trigo, un partido político votado por más de cinco millones de españoles.

Yo, desde aquí, quiero quebrantar huesos y avisar ya de forma definitiva que Podemos no es ni por asomo Venezuela. En la patria de Maduro -en estas últimas semanas- se ha dado un golpe de Estado al quebrar el sentido democrático entre los diferentes poderes constitucionales. El pablismo no tiene nada que ver con todo eso. Son meriendas de otras bocas. A Nicolás Maduro se le ha ido el anís hacia una borrachería que deja resaca. Podemos no está ni en esa embriaguez ni en ese dolor de cabeza, sino que se limita a poner en práctica su programa de izquierdas -por cierto, sin populismos de por medio- nacido en el último Vistalegre II.

No confundamos la alquimia de los verbos. No hagamos del insulto y de la delación una forma de combatir al enemigo. Venezuela no es España. Y eso lo saben los podemitas, los cuales no son el Gran Cabrón pintado por Goya, sino una fuerza nacida de las masas populares y de esa musculatura que trata de instaurar en este país la justicia social, el obrerismo, la igualdad, la libertad y un orden democrático que ahogue con arsénico este constitucionalismo herido por arpón de ballena que hoy es España.

Por lo tanto, dejemos ya en ciudad hundida bajo las cenizas este relacionismo entre Podemos y Venezuela. Una cosa es quizá un equivocado pasado y otra un presente que intenta complementar la lucha política desde el derecho de los votos y una oposición que -¿qué pájaros vuelan?- traen estos universitarios y estos jóvenes -y no tan jóvenes- que sólo pretenden cambiar el ritmo y la lucidez agónicos de un país que está enfermando de vejez, de corrupción, de contraperiodismo y de “Las flores del mal” de Charles Baudelaire.

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