El bohemio Gustav Mahler (1860 – 1911) es uno de los grandes. Hace poco escuchaba una magnífica tercera sinfonía por la “Orquesta y Coro Nacionales de España (OCNE)”. ¡Qué vidas marcadas por la tragedia y la locura! Un carácter irritable, supersticioso, amante de la filosofía (Goethe, Kant) y de la obra de Bach. Más conocido como director de orquesta en su tiempo, tenía un jaleo tras otro con los músicos de Viena y no dudaba en interpretar sus propias obras, aprovechando los ensayos para corregir una y otra vez la instrumentación, quitar de allí, poner acá…
Total, que para qué voy yo a contaros su vida si se puede leer en cualquier sitio. Os recomiendo el libro de su esposa, mujer de vida larga e intensa, Alma Mahler: “Recuerdos de Gustav Mahler, que podéis encontrar en la excelente edición de Acantilado.
De Mahler mi música favorita es su quinta sinfonía, de la primera a la última nota. De esta obra se extrae el famoso Adagietto de la película “Muerte en Venecia” (1971) de Luchino Visconti, gracias a la cual volvió a ponerse de moda Mahler. A propósito de la obra de Thomas Mann, ¿no os parece increíble el hecho de aceptar la muerte por poder contemplar aún un poco más la Belleza?
Como versión de referencia tenemos la interpretación del maestro Claudio Abbado (1933 – 2014) al frente de su “Lucerne Festival Orquesta”. Si tienen una horita libre gocen con el vídeo íntegro, contemplen la belleza.
Todo genio es siempre criticado, a lo más alto atacará siempre la envidia mediocre. No hay problema, tomemos el ejemplo del propio Gustav, como decía en una carta de 1907 a su mujer: “[…] Ahora el mundo no es muy amable conmigo. Como un ciervo acosado, tras el que corren los perros. Pero, gracias a Dios, no soy de esos que se mueren en el camino, y esos golpes que tengo que aguantar ahora por todas partes […] tienen tan sólo el efecto de un masaje. Me cepillo el traje cuando me salpican de mierda.”
Pues eso, éstos a contemplar, ésos a salpicar y aquellos a cepillar.
@artequenoharta