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Simeone y el Atlético arrancan un empate de la complacencia del Real Madrid | 1-1

JORNADA 31: REAL MADRID 1 ATLÉTICO 1

Diego García | Sábado 08 de abril de 2017
Griezmann penalizó el apagón de los de Zidane, que fueron mejores hasta el gol de Pepe. Por Diego García

El tercer plato de este abril delicioso formuló un derbi madrileño con apariencia de juez de LaLiga. Pero, amén de lo relativo al título doméstico -que empujaba a los locales a defender su liderato con tres puntos-, de la rivalidad y las rencillas que acumulan en el último lustro ambos equipos, Real Madrid y Atlético tocaban techo de exigencia antes de refrescar su ambición europea el miércoles, ante Bayern y Leicester, respectivamente. La exitosa política de rotaciones programada por Zinedine Zidane contrastaba con las urgencias que las bajas -Gameiro, Gaitán, Vrsaljko, Tiago, Augusto y Moyá- impusieron sobre un Simeone obligado a no repartir descansos en los duelos previos. Con el factor cansancio y el fondo de armario como marco, ambos técnicos desplegaron a sus onces de gala. Y es que, en efecto, la hoja de ruta de sus temporadas se examinaba en este partido y en lo venidero.

Alzó el telón el partido cumbre de la jornada con el pronosticado reto táctico que reducía los espacios y conllevaba una densidad en la medular que limitó la gestación de peligro. Los de Chamartín disfrutaban de más posesión, pero las emboscadas colchoneras, que colapsaban el centro y el juego entre líneas, conducían a los merengues a acumular centros laterales inocuos. Con la banda de Carvajal y Bale como cauce predilecto en el primer cuarto de hora de contenido tanteo. Carrasco, por su parte, ejercía como el elemento desequilibrante de un Atlético que alternaba la presión con el achique intensivo. Saúl yacía más adelantado que Koke, como variante en busca de llegada a la contra, pero la intensidad madridista negaría esta opción. En el prólogo sólo a balón parado se registraría peligro. De hecho, una falta lateral que Jorge Resurrección cerró sobremanera y peinó Saúl lamió la manera de Navas en la apertura de las escuetas hostilidades -minuto 3-.

La horizontalidad del puntero y la verticalidad de los rojiblancos fueron tomando forma a medida que se fue diluyendo el respeto generalizado en dos púgiles que se conocen de sobra. Un latigazo de Ronaldo desde el pico del área, ajustado al primer poste, inauguró la profundidad blanca. Oblak reaccionaría, rebosante de reflejos, para sostener el dibujo, ora adelantado, ora retrasado, de los suyos -minuto 15-. Sin manos a mano en banda, ni superioridades laterales, siguió caminando un envite en el que, a falta de espacios para correr, los visitantes remarcaban su amenaza en acciones de estrategia lanzadas por Koke -Navas hubo de despejar de puños un córner venenoso en el minuto 21-. Al tiempo, se corroboraba el escenario de compromiso extremado de todos los jugadores. La exhibición táctica tras pérdida -Casemiro gobernaba en este tramo- dictaba el tempo trompicado de un derbi rico en derroche anatómico.

La calidad todavía no había localizado los pasillos sobre los que desamarrar el nudo global. Filipe y Marcelo se desperezaban desde sus perfiles pero predominaban las coberturas y ayudas sobre las paredes y las asociaciones lúcidas. Los de Simeone habían ascendido metros, contemplando la lentitud controladora de la posesión rival y asumiendo una ambición que también tejía riegos que Modric y Bale trataron de amortizan con chuts desde media distancia taponados. Saúl también asumió el lanzamiento largo, desatinado, como salida a la compresión. Y antes de la media hora -minuto 28- Benzema asomaría para combinar con Ronaldo y prender una luz ente tanto enredo. La pared frenética concluiría en remate del galo y despeje del providencial Oblak. Minutos después, una recuperación de Modric en cancha rival embocó en un relámpago que Ronado cruzó para superar al meta esloveno. Pero Savic sacó, in extremis y bajo palos, el disparo certero. Bale coronaría el respingo con otro intento que venía a autografiar el empuje jerárquico de un Madrid que arrinconaba a la mejor defensa del continente.

El esquema dominante de los locales y el modelo de repliegue y salida colchonero se desnudarían en la aproximación al descanso. Y antes del intermedio alcanzaría el escurridizo bloque del Cholo a probar a Navas. Un error impío de Sergio Ramos regaló a Griezmann un cara a cara con Pepe que resolvió con un cañonazo al que el meta tico voló para sacarlo de la base de su poste izquierdo -minuto 38-. Trataban los atléticos de sacudirse al ahogo salpicando de contragoples el arreón madridista, y recogerían frutos con esta llegada puntiaguda y con una mayor placidez en la gestión de la tentativa monopolística de los de Zidane. En el camino a vestuarios daba la sensación que se había jugado sobre los presupuestos tacticistas visitantes, que domesticaban la necesidad imperiosa de triunfo de un Madrid que tuvo más la pelota (56% de posesión) y ganó en la relación de tiros a puerta (cuatro a uno). Sin embargo, a partir de esta pausa, Simeone podría jugar con esa prisa para matizar el efecto del cansancio en su escuadrón. Zizou debía decidir si contemporizar o doblegar la apuesta ofensiva, siempre contemplando la obligatoriedad de mantener la ejecución tras pérdida para no sufrir un revés en la contra contrincante. Cosa capital bajo el paraguas de tensión e imprecisiones visto.

La reanudación no tardaría en responder a esa incógnita. Una de las primeras subidas de Marcelo hasta la línea de fondo se zanjó con centro hacia el segundo poste y testarazo de Ronaldo fuera de arco. A continuación, envió Carvajal una parábola desde la diestra que el luso convirtió en un pase hacia el segundo poste. Allí, Benzema remató pero Oblak supo tapar la clara jugada. La pelota y la velocidad combinativa eran merengues de salida y padecía el Atlético para dar dos pases seguidos y eludir un escrutinio acelerado de su capacidad de sufrimiento. Se había incendiado el ritmo madridista, con avances en ambos flancos y remates. Y de esa hipérbole acunó Kroos una falta lateral lanzada de manera impecable a la que Pepe respondió con un cabezazo cruzado a la red -minuto 52-.

Con 1-0 avanzó líneas un Atlético orgulloso. Pero el club de Concha Espina se granjeó el paisaje anhelado, ya que ahora sí podrían atisbar hectáreas para morder en transición y reducían el margen de maniobra del técnico visitante, casi sin argumentos en el banquillo. Aún así, un trueno de Carrasco que pilló fuera de balance a la cohesión de líneas local heló a la tribuna. El cambio de ritmo del belga siguió en un pase vertical que dejó a Torres en mano a mano con Navas. El portero costarricense taponaría la mejor oportunidad rojiblanca -minuto 59-. El aguijonazo indio, cimentado sobre una respuesta anímica sensacional, puso en guardia a los complacidos locales. Pero se abría un periodo de toma y daca que patrocinaría Simeone con la salida de Saúl y la entrada de Correa. En el entretanto, Pepe, lesionado, dejaba su escaño a Nacho. En pleno crescendo de la trama. No en vano, una chilena sublime de Griezmann volvió a recalcar el peligro de lo ajustado del marcador. Un avance inconexo y centro lateral le fueron suficiente para volver a forzar a Keylor.

El último cuarto de hora se estaba atravesando con el Madrid sacando balones fuera. Zidane leyó la tesitura y metió a Isco por Kroos, en busca de pulmones y mayor control del balón. Otra vez había perdido, súbitamente y tras adelantarse, el mando del devenir y el técnico galo decidió no tocar la BBC en busca de una superioridad numérica que nutriera el cierre anestesiado sobre la posesión. El Cholo respondió dando la alternativa a Thomas (quitó a un vaciado Torres), tratando de "conducir el partido a situaciones que les son más cómodas", como dijo en la previa. Eso tomó forma con presiones muy adelantadas que hurtaron el protagonismo al club en ventaja. Zizou aguantó cinco minutos sobre esa escena y, al comprobar que los rivales seguían jugando en campo merengue, terminó sentando a un Bale laborioso por la frescura y sacrificio de Lucas Vázquez -minuto 80-. Pero nunca recobraría la batuta.

No sólo eso, el continuado repliegue local le costaría conceder un hueco a Correa, entre líneas, que el argentino uniformó de empate al filtrar un pase fugaz que Griezmann alojó en la portería merengue con un zurdazo de jugador especial -minuto 86-. De inmediato selló la cosecha Simeone -excelso en el manejo de sus recursos- sacando a Carrasco y colocando a Giménez como votante tapón, por delante de la defensa. Hacía mucho tiempo que la inercia no le pertenecía al sistema del Bernabéu. Navegaba, entonces, arrebatado un Madrid que sólo en el descuento reactivó su ambición e intensidad. No supo el ya provisional líder sobrevivir a su inconsistencia y el Atlético, mucho mejor y con más personalidad ofensiva en el desenlace, arrancó un punto con sabor a venganza en otro capítulo de la serie de derbis de altura que preside el último lustro. Cuando se esfumó el compromiso de los de arriba, el equipo visitante se hizo con el centro del campo y se relamió en el epílogo (60% de posesión madridista pero sólo 6 a cuatro en tiros a puerta). "En momentos hay que tener un poco más de atención", sentenció Casemiro en la entrevista post-partido. Al final, prevaleció el espíritu guerrero y solidario por encima de las rotaciones y los descansos de las estrellas de compromiso guadianesco. Y la pegada volvió a cambiar de lado para mantener la imbatibilidad colchonera en 2017.

Ficha técnica:
1 - Real Madrid: Keylor Navas; Carvajal, Pepe (Nacho, m.67), Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro, Kroos (Isco, m.76), Modric; Bale (Lucas Vázquez, m.81), Cristiano Ronaldo y Benzema.
1 - Atlético de Madrid: Oblak; Juanfran, Savic, Godín, Filipe; Koke, Gabi, Saúl (Correa, m.62), Carrasco (Giménez, m.86); Griezmann y Fernando Torres (Thomas, m.78).
Goles: 1-0, m.52: Pepe. 1-1, m.85: Griezmann.
Árbitro: De Burgos Bengoetxea (colegio vasco). Amonestó a Casemiro (37) y Carvajal (87) por el Real Madrid; y a Saúl (51), Godín (61) y Koke (88)por el Atlético.
Incidencias: encuentro correspondiente a la 31a jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 80.000 espectadores.

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