Selección, traducción y prólogo de Adán Méndez. Ediciones UDP. Santiago de Chile, 2016. 382 páginas. 25 €
Por Juan Santander Leal
Mucho más en comunicación con su contexto que el ayudante de tenedor de libros Bernardo Soares (Libro del desasosiego) o el poeta Alberto Caeiro, Papeles personales muestra un Fernando Pessoa sin los disfraces a los que estamos acostumbrados. Corresponsal, editor, inventor, traductor, publicista y astrólogo, este Pessoa inquieto fue dejando apuntes, entrevistas y cartas a su paso. Los textos, heterogéneos y monotemáticos, agrupados en este volumen aportan una imagen más amplia de un autor cuyo personaje muchas veces se superpone a su literatura.
Estos papeles presentan un Pessoa sin disfraz: “divertido, sociable y seductor” lleno de proyectos e ideas de todo tipo. Esto, sin renunciar a los principios estéticos que propugna a través de sus heterónimos. El sensacionismo, por ejemplo (sentirlo todo de todas las maneras) o la estética de la abdicación (Abdica y sé rey de ti mismo) se desarrollan aquí también, pero desde un punto de vista menos programático y más espontáneo, a la manera de anotaciones, o fragmentos. No se trata de llegar al “verdadero” Pessoa sino de reparar en una más de sus personalidades, la que agrupó bajo su nombre de nacimiento, una que podríamos considerar más autobiográfica o personal pero que finalmente se funde con todas las otras que tuvo.
Entre los textos, destaca una selección de las cartas a Ofelia Queiroz, además de algunas entrevistas, y breves textos “teóricos” en los que Pessoa indaga en sus ideas de ser escritor, con esa tensión entre mundo público y privado que fue uno de los ejes de su reflexión en prosa: “La celebridad es una tendencia plebeya. Por eso tiene que herir a un alma delicada. Es una tendencia plebeya porque estar en evidencia, ser observado por todos, inflige en una criatura delicada la sensación de parentesco externo con las criaturas que arman escándalo en las calles, que gesticulan y hablan alto en las plazas.” A lo largo de Papeles personales encontramos una escritura donde abunda la autosuplantación y el autosabotaje, aunque al mismo tiempo se expresa, en sordina o con megáfono, el programa artístico político y espiritual del autor.
Trágico, aunque siempre con matices humorísticos e irónicos, Pessoa también analiza su propia psicología. Trata de organizarse y dispersarse, siempre asumiendo el estrecho vínculo entre vida y obra, otra de las constantes de su escritura: “Quiero disciplinar mi vida (y en consecuencia mi obra) como si fuera un estado anárquico, y anárquico por su propio exceso de “fuerzas vivas” en acción, conflicto y evolución, interconectadas y divergentes.” Además de esto, algunos textos evidencian los problemas y padecimientos de su constitución síquica, descrita como desaforada, pero a la vez controlable. “El origen de mis heterónimos es el profundo rasgo de histeria que existe en mí. No sé si soy simplemente histérico o si soy con mayor propiedad.”
Este libro tiene el mérito de armar un corpus que muestra a Fernando Pessoa como un polígrafo, no solo preocupado de disociarse en sus heterónimos poetas y prosistas sino también como un sujeto activo socialmente, autor de manifiestos, preocupado por la vida cultural de Portugal, y autor de una rica correspondencia. Es conmovedor revisar textos de Pessoa dirigidos a sus amantes, amigos, colegas y doctores. En este sentido, sería recomendable leer este libro en cierto contraste con el Libro del desasosiego donde el ensimismamiento y el encierro en la escritura nos hacen creer que sus fragmentos fueron escritos para nadie.