Actualidad

El mejor Atlético domina pero no termina de cazar al Leicester | 1-0

LIGA DE CAMPEONES - CUARTOS (IDA): ATLÉTICO 1 LEICESTER 0

Diego García | Miércoles 12 de abril de 2017
Controló el bloque de Simeone más alegre a los ingleses pero les dejó vivos. Por Diego García

Que este no fuera el último partido de Copa de Europa que acogiera el Vicente Calderón. Sobre esa premisa se desplegó en el anochecer madrileño el primer capítulo de la empresa que cruzó al escurridizo Leicester en el anhelo del Atlético. La atmósfera de las grandes noches que ha envuelto el último lustro de élite rojiblanca ejerció de marco para el primer partido más importante del curso. La tribuna no aguardó para incendiarse, con voluntad de condicionar a los visitantes y, por tanto, de competir también en el verde. Porque la Champions era y es el objetivo prioritario tras los dos subcampeonatos del mandato de Simeone. Se cruzaban dos inercias ganadoras, de especial mordiente triunfal en 2017, y se pronosticaba un duelo tacticista, agrio para la vista del espectador, pero rico en brío y disputa.

"Atleti, nada más que tú", lucía el mosaico en el graderío que recibió a los dos escuadrones. Los locales repetían el once que arrancó un punto del Bernabéu hace cuatro días, con Koke en la mediapunta centrada y Saúl y Gabi como anclas; y los visitantes, por su parte, introdujeron cinco variantes. Y es que la primera derrota de los Foxes desde que despidieron a Ranieri -en la ida de octavos ante el Sevilla- llegó como consecuencia de un ejercicio de rotaciones que dio descanso a piezas claves como Danny Simpson y Christian Fuchs -laterales titulares-, el destructor Wilfred Ndidi, el cerebro Riyad Mahrez y el delantero guerrero Shinji Okazaki. Los esquemas confrotaban dos 4-4-2 que anunciaban una siembra de minas en el centro del campo. Y la integrista reducción de espacios en el ecuador del terreno se implantaría con la misma celeridad con la que los rojiblancos asumieron el protagonismo.

La calidad en el trato de la pelota era la gran diferencia entre ambos púgiles y el Cholo sabía que entregarse a un partido largo y dictado por el físico no le resultaba favorable, debido a la amalgama de lesiones (Tiago, Augusto, Gameiro, Vrsaljko y Moyá) que recortaba su nómina de efectivos y el margen de maniobra desde el banquillo. Por ello ordenó una salida efervescente pero inteligente. Presionaban mutuamente los dos contrincantes hasta que los madrileños domaron la posesión y contemporizaron en estático, con circulaciones horizontales. No le dolería el orgullo a los británicos al encerrarse en su cancha desde el minuto cinco, confiados en su capacidad de cierre, pero la posición intercalada de los colchoneros iba a contaminar de inseguridad la apuesta de Shakespeare. Los rojiblancos empataban la hiperactividad táctica isleña pero encadenaban tres pases seguidos sin dificultad.

Con Filipe Luis y Juanfran incorporados a la asociación coral y Koke y Griezmann fluctuando ente líneas, el ejercicio de personalidad local constriñó al vigente campeón de la Premier a achicar agua en los primeros 20 minutos. Así, Schmeichel estrenó sus guantes en el minuto 3, en la inauguración de la tormenta que se le venía. El pichichi de la pasada Eurocopa filtró un pase venenoso que Torres encañonó, angulado, a las manos del meta danés. A continuación, Koke descerrajó un derechazo que restalló en el poste -minuto 4- y Carrasco cazó un centro lanzado desde la izquierda para lamer el lateral de la red. El propio Antoine y Saúl lo probrarían, por encima del travesaño, desde media distancia y antes del cuarto de hora. Sólo había descolgado el bloque azul un pelotazo que ganó Vardy a Godín y Savic (batalla ésta deliciosa y perenne) para chutar fuera de tino -minuto 2-. El representante español llevaba la iniciativa, con fluidez, y sólo aceleraba en tres cuartos de campo, mientras que los ingleses se aferraban al catenaccio y a la astucia de su punta. Como en tantas otras ocasiones.

En torno al 25 saldría de la cueva el amilanado Leicester. Alzaría sus líneas y jugaría en territorio rojiblanco, por primera vez. Conseguiría enlazar un puñado de centros laterales (con Albrighton como adalid) que no localizaron rematador pero sí inquietaron a la zaga de La Liga. Incluso Fuchs descorcharía sus saques de banda hiperbólicos para crear desconcierto y generar un saque de esquina. Pero la exigencia del tercer clasificado del campenato doméstico nacional se dispara cuanto más pomposo es el envite, y los británicos lo pagarían. Un despeje colchonero cayó en las botas de Griezmann, que, de inmediato entró en ignición para explotar los espacios a la contra. La galopada solitaria del galo -partió desde la medular- desestabilizó al lento cierre hasta el punto de provocar un derribo de Albrighton en el área. El francés tranformó el penalti engañando a Schmeichel y el Atlético recogía el fruto: cuando los pupilos de Shakerspeare restaron relevancia a la preponderancia de no arriesgar en ataque fue el momento del aguijonazo -minuto 28-. La posesión era el anzuelo de avance y la transición explosiva, la ruta del gol.

Navegaría con densidad el conjunto visitante ante el desafío planteado. La pelota seguía siendo rojiblanca y, por ende, proseguía el enclaustramiento del Leicester. Koke trató de amortizar el escenario antes del descanso con otro derechazo que, esta vez, rozó el poste -minuto 38-. Y el intermedio sobrevendría constatando, vía estadística, lo visto: 63% de posesión local y superioridad abrumadora tanto en llegadas al área (11-3) como en tiros a puerta (4-0). Mahrez, principal fuente de alimentación de la verticalidad de los zorros, padecía el rigor de las emboscadas continuas decretadas por Simeone. El técnico argentino ganaba su duelo particular, pues la espalda de la línea de mediocampistas visitante suponía campo fértil para Griezmann y Koke, los gobernadores del duelo como distribuidores, metrónomos y rematadores. La concentración en fase defensiva y la calidad españoles dibujaban un partido unidireccional en el que el cansancio todavía no había entrado en juego. Ese punto y el pelaje batallador y frío de su plantilla eran los argumentos sobre los que Shakespeare edificaba su supervivencia. Este resultado, que no dinámica (debía ajustar la cohesión de los suyos), les valía.

Y el sustituto de Ranieri movió ficha. Sentó al transparente Okazaki y metió en escena a King, con la intención de que el 10 reforzara el equilibrio sin balón y actuara como nexo en la elaboración del juego. Es decir, apoyaba al talentoso y aislado argelino, que remataría demasiado cruzado en el 55 -engatilló un rechace al saque de banda de Fuchs-. Le costaría en la salida de vestuarios al equipo en ventaja refrescar su mandato del tempo. Los ingleses habían equilibrado la relación de fuerzas, atendiendo mejor al cuero. Combinaban en cancha ajena y, aunque no inquietaban a Oblak, Mahrez volvería a avisar con un contragolpe de pestañeo que concluiría con fina finta y reclamo de penalti. En el entretanto, Torres dispondría de una opción clara, tras quedarse en mano a mano con Benalouane pero disparó muy desviado -minuto 61-. Drinkwater, baremo posicional británico, ya rondaba la mediapunta local y le tocaba al Atlético, entonces, evidenciar capacidad de agonía y pericia en transición.

El Cholo leyó la urgencia de recobrar el compás controlador y sustituyó a un Carrasco vacío por Correa. Y, a 25 minutos del final, su equipo volvió a provocar la cesión de metros visitante. Con el argentino en la receta, sumaban una pieza más para anestesiar la posesión y profundizar en las fisuras que los pasillos centrales habia generado en el granítico oponente. Por consiguiente, la aproximación al desenlace se desarrollaría con una apariencia semejante a la del primer acto. Horizontalidad y verticalidad según la altura del campo para congelar el respingo británico. Cercenó el Atlético la importancia de las porterías para defender con la pelota. Torres y Vardy dejarían su escaño a Thomas y Slimani. Los dos estrategas reducían ambición, si bien los isleños parecían los más satisfechos con el electrónico.

Un remate demasiado cruzado de Correa, desde el pico del área, abrió el cuarto de hora final de respeto generalizado. Había amortiguado el favorito su presunta inferioridad física mostrando, en el mejor de los bretes, lo avanzado del enriquecimiento de su propuesta. El balón fue el principal amigo, al fin, del Atlético de Simeone. Con esa variable colorida (que alejó a Griezmann del área por mor de un mayor control) sometió al reflejo de su orodoxia defensiva que le planteó el Leicester. El refuerzo del estatus de mejor sistema defensivo del Viejo Continente haría el resto (no encajar en casa era y es fundamental). Ajustó en el intermedio Shakespeare las rendijas entrelíneas que les estaban sangrando y sólo dos gambeteos virtuosos de Correa que no conectaron ningún rematador constituirían el bagaje productivo postrero rojiblanco. "La eliminatoria se resolverá en el campo de ellos", auguró Simeone en la previa y así será. Aunque en el King Power Stadium cueste concebir a un Leicester tan especulativo (se volvió a casa sin un tiro a portería).

Ficha técnica:.
1 - Atlético de Madrid: Oblak; Juanfran, Savic, Godín, Filipe; Carrasco (Correa, m. 65), Gabi, Saúl, Koke; Fernando Torres (Thomas, m. 73) y Griezmann.
0 - Leicester City: Schmeichel; Simpson, Benalouane, Huth, Fuchs; Mahrez, Drinkwater, Ndidi, Albrighton; Vardy (Slimani, m. 77) y Okazaki (King, m. 46).
Gol: 1-0, m. 28: Griezmann, de penalti.
Árbitro: Jonas Eriksson (Suecia). Amonestó a los visitantes Albrighton (m. 29), Benalouane (m. 48) y Huth (m. 58).
Incidencias: partido de ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Vicente Calderón ante unos 55.000 espectadores. Lleno.

TEMAS RELACIONADOS: