Balaídos se vistió de gala para acoger una pretendida noche histórica en la trayectoria del Celta de Vigo. Nunca pasó el bloque celeste a las semifinales de una competición continental y el sorteo habia deparado la visita del Racing Genk. Habiendo esquivado a Manchester United, Olympique de Lyon, Besiktas, Ajax o Schalke, el bloque belga parecía un emparejamiento afinado para que los gallegos inscribieran este cruce de cuartos de Europa League como una página dorada en su currículo. Sin embargo, no tardarían los visitantes en remarcar sus características y legitimar su acceso a esta elitista fase. No obstante, eran el segundo equipo más goleador del campeonato -por detrás de la Roma-, contaba con el máximo asistente del torneo, el español Pozuelo, y anotaron en todos sus envites fuera de casa -le hicieron tres a San Mamés en el día del quintuplete de Aduriz-.
Berizzo desplegó a su once de gala para neutralizar y domar el dibujo reflejo (4-2-3-1) con que su rival buscaría sobrevivir a su aventura española. Con Radoja y el Tucu como red de seguridad, Wass era el nexo con el tridente -en esta línea Pione Sisto ganó la titularidad a Bongonda-. Le tocaría al conjunto nacional decidir si trataba de exhibir un control del partido sobresaliente para neutralizar la efervescencia propia de los centroeuropeos (con la posesión y el rigor de achique) o se amoldaba al reto de ambición posicional que le plantearía su homólogo, Albert Stuivenberg. Y es que los flamencos también disponían de carrileros con llegada y una paleta ofensiva. Pues bien, el Toto se decantó por la segunda posibilidad y el primer acto pintó un espectacular y colorido toma y daca constante.
Navegarían ambos equipos sobre la valentía que conllevan las presiones muy elevadas, con sus defensas negadas a recular, y la calidad de los nombres en liza correspondería con una bacanal atacante. De hecho, cuando los dos sistemas ahogaban al rival y la salida de pelota se complicaba, el Genk hizo honor a su reputación goleadora al pasar la primera línea defensiva rival y trazar una combinación frenética que concluyó con centro de Trossard y cabezazo a la red de Boëtius -minuto 10-. Golpeaba con fiereza un combinado visitante que no pararía de aproximarse a la meta de Sergio (que en esta ocasión no pudo sacarse el testarazo potente del oponente). Se adelantaban los belgas como premio de la personalidad evidenciada con la anárquica iniciativa impuesta, pero su disparo inauguró una reacción explosiva celtiña.
Y es que sólo les duró la ventaja cuatro minutos. Reaccionarían los vigueses de forma sensacional: aumentaron su intensidad y riesgo posicional. Y recogerían fruto de inmediato: un robo adelantado de Radoja confeccionó la triangulación frenética, a la contra, entre Jonny y Guidetti. El punta sueco dibujó una asistencia fugaz que Sisto tradujo en el empate de derechazo imponente. El extremo zurdo ajustó su rosca cruzada para el delirio de una tribuna que tocaría el paroxismo tres minutos después. En el 17 se autografiaría la imponente remontada, plena de actitud y convicción. Otra presión asfixiante conllevó el error en la salida de juego del central Colley. Su imprecisión, en el borde de su área, le cayó a las botas de Iago Aspas. El canterano se dispararía en diagonal y descerrajaría un zurdazo soberbio, que se coló por la cepa del poste de Ryan.
Impondría el Celta su momentum en un intervalo en el que no aflojaría el tú a tú que relegaba el equilibrio táctico a la categoría de anécdota. Así, sin un gobierno nítido en el centro del campo, el tempo prosiguió disparado y Castagne, lateral tan adelantado como su colega Jonny, rozó la madera de Sergio -minuto 24-. Las incorporaciones de ambos carrileros generaban superioridades que las líneas defensivas no llegaban a colapsar. Y, precisamente, por la espalda de esos laterales adelantados se cocinaban contragolpes que no tenían concreción por la falta de pericia en tres cuartos de cancha. Aún así, la asiduidad de la producción de peligro no se frenaría hasta el 33. De este modo, Wass probaría suerte con un lanzamiento de falta inverso, desde larga distancia, que paró Ryan, Trossard lo intentaría, desviado, desde dentro del área y el Tucu Hernández cabecearía fuera un centro lateral.
Bajaría el compás hasta el intermedio, pero ni mucho menos perdieron la cara a la verticalidad los dos equipos. La pelota ya se había contrastado como local, a pesar de la exigente presión visitante. Y, al tiempo que se cernía un tramo de centrocampismo inocuo, el Celta remataría su resingo sabroso con su tercera diana. Guidetti, un problema capital para el inconsistente cierre belga, cayó a la banda en una transición. El sueco, protagonista, viró hacia el centro para combinar con Aspas y soltar un cañonazo rasante al primer poste del ex portero del Valencia -minuto 38- para el 3-1. Un chut pegado a la línea de fondo de Samatta, delantero tanzano móvil y referencia del fútbol africano, clausuró el acto inicial de la eliminatoria. Sergio repelió el intento y bajó el telón de unos primeros 45 minutos de chispazos de artificio. Los dos púgiles combatieron sobre el intercambio de mordiscos -retratando sus agujeros tácticos- y salió sonriente un Celta más compacto.
Berizzo leyó la circunstancia de los dos goles de brecha y escogió bajar las revoluciones y el riesgo. En consecuencia, el Celta quiso y tuvo más horizontalidad en su posesión en la reanudación. Cambió el pelaje del partido el técnico argentino. Los belgas trataban de revertir el signo pausado que estaba tomando el paisaje, presionando muy arriba, pero la calidad local le permitía fraguar circulaciones certeras que congelaban el devenir. Además, cedió metros el sistema gallego y concedió la pelota al denso equipo centroeuropeo, sin profundidad en estático a pesar de sus venenosas bandas -la vigilancia sobre Pozuelo fue estricta-. Le negaría metros para correr un escuadrón español cómodo en el control. Incluso se estirarían a la contra para rozar la sentencia en dos acciones. La primera, en el 56, provino de la inteligencia de Aspas, que amortizó la espalda del lateral rival y cedió para el chut de Mallo que Ryan despejó, providencial. Y el segundo, a continuación, concatenó una llegada con centro de Sisto y cabezazo de Wass que detuvo el arquero australiano.
Stuivenberg movió sus piezas pretendiendo una convulsión que no llegaría. El balón era suyo pero Sergio no había estrenado los guantes en los primeros 20 minutos del segundo acto. Así, sacó del verde a Böetius y dio entrada al experimentado Buffel. Y el Toto sentó al vaciado Guidetti (llegaba de una lesión incómoda) para colocar a Beauvue. Se estaba quemando el tiempo ante la placidez del modelo de robo y salida local. Daba la impresión que sólo un error equilibraría el marcador. Y no uno sino dos fueron los fallos que patrocinaron el improbable 3-2. Cabral no acertó a desviar en banda una pugna que le ganaría Trossard. El extremo centró hacia el segundo poste y Jonny dejó pasar el envío en lugar de despejar. Allí apareció Buffel para efectuar un doble remate que silenció el estadio. El aguijonazo descontextualizado del Genk entregaba la razón a su técnico y activaba la novedosa urgencia española.
Los errores estaban penalizando sobremanera y el Celta se abandonó a un asedio postrero que prendió un zurdazo terrible del Tucu y desde la frontal. Ryan luciría reflejos -minuto 74- y salvaría también a los suyos en el 80. Iago Aspas resucitó entre líneas, se giró y chutó de zurda en un intento que rozó la madera tras ser desviado por el guardameta visitante. El desenlace explicitaba el peso del cansancio y los dos técnicos nutrirían sus tentativas anotadoras: entraron Jozabed y Schrijvers y se marcharon Wass y Trossard. El delantero internacional español y el meta australiano volverían a citarse en el 85 y el epílogo fue un pasear celtiña sobre el alambre en el que se volcó en campo rival y una pérdida le complicaría. Cerró filas el satisfecho equipo de Bélgica y no llegaría a la orilla la ofensiva gallega. La eliminatoria viajará a su conclusión con sabor agridulce para los españoles ("Al partido le faltaron goles nuestros y le sobraron goles de ellos", sintetizó Berizzo), que no remataron el gran trabajo en el manejo de la trama. Eso sí, la vuelta promete un espectáculo alegre (hoy se rgistraron 12 tiros a puerta locales por 6 visitantes).
- Ficha técnica:
3 - Celta de Vigo: Sergio Álvarez; Hugo Mallo, Cabral, Fontás, Jonny; Radoja, Tucu Hernández; Wass (Jozabed, min. 78); Sisto, Guidetti (Beauvue, min. 67), Aspas
2 - Genk: Ryan; Castagne, Brabec, Colley, Uronen; Malinovskiy (Heynen, min. 92), Berge; Boëtius (Buffel, min. 62), Pozuelo, Trossard (Schrijvers, min. 82); Samatta.
Goles: 0-1 Boëtius, min.10; 1-1 Sisto, min.15; 2-1 Aspas, min18; 3-1 Guidetti, min. 38; 3-2 Buffel, min. 67
Árbitro: Clement Turpin (FRA). Amonestó a Castagne, Trossard y Schrijvers por parte del Genk.
Incidencias: partido correspondiente a la ida de los cuartos de final de la Liga Europa disputado en el estadio municipal de Balaídos ante 21.608 espectadores.