Ganó 28 títulos y deja una deuda de 220 millones de euros.
Quedan muy lejos los tiempos en los que
Silvio Berlusconi presentaba a su trío holandés -Van Basten, Gullit y Rijkaard- aterrizando en helicóptero sobre la hierba del escenario. Ocurrió en 1987. En la temporada anterior, la inaugural del proyecto, el Milan concluyó en la quinta plaza de la mano de un técnico casi novel llamado Fabio Capello. Un puesto menos es la posición en la que el magnate ha dejado al conjunto
rossonero. En el entretanto, su dinero hizo tocar el techo a la entidad
lombarda -con un legendario sistema guiado por
Sacchi y con una fórmula ganadora que coronó a
Ancelotti, Pirlo y Kaka- y también la empujó a la Modernidad, cuando cometió negligencias en su labor de gerencia al centrarse en evadir la legalidad transalpina desde el
sui generis aforamiento político. En consecuencia, el gigante entró en la
debacle anárquica que ha conducido hasta este presente en el que Suso y Deulofeu lideran la resurrección.
Resulta sintomático que Berlusconi haya concluido la operación de venta al consorcio presidido por
Li Yonghong este jueves, a dos días del derbi milanés. "Fininvest ha concluido hoy la cesión a Rossoneri Sport Investment Lux de su completa participación, del 99,93 %, del AC Milan", reza el comunicado que pone fin al mandato del ex primer ministro de la república italiana. En la mochila marcha el personaje más carismático del
Bel Paese con
cinco Copas de Europa, tres Intercontinentales, ocho
Scudetti, una
Coppa y cinco Supercopas de Europa. Y, además,
220 millones de euros de deuda.
El inversor chino ha mostrado su "empeño en cumplir importantes intervenciones de recapitalización y refuerzo patrimonial y financiero del AC Milan", prosigue el texto de despedida de un mandatario que conquistó 28 trofeos en las más de tres décadas de su era. "El fútbol moderno necesita inversiones y recursos que una sola familia no es capaz de sostener", avanza un comunicado que dio paso a las declaraciones del protagonista del
risorgimento y caída del conjunto milanés: "No podré nunca olvidar las emociones que el Milan ha sabido regalarme a mí y a todos nosotros". "
Siento dolor y conmoción", confesó un Berlusconi que, finalmente, ha asumido su responsabilidad en el vaivén que ha sumido en la sombra al transatlántico, que ha desatendido en la presente década, diciendo adiós.
Autor de la
construcción de una imagen universal para el Milan -modelo plagiado por Florentino Pérez, aunque el español también usó la experiencia del United y el modelo mercantil de las marcas deportivas-, la contratación de nombres como Ronaldo, Ronaldinho, Roberto Baggio, Cafú, Redondo, Seedorf, Inzaghi, George Weah, Andrei Shevchenko, Alessandro Nesta, Zlatan Ibrahimvic, Rui Costa, Desailly, Kluivert o Savicevic contrasta con el último cierre del grifo que limitó la competitividad de la
squadra hasta hacerla pasiva ante el retorno glorioso de la Juventus de Conte y Allegri e, incluso, del Inter de Mourinho y Mancini. Adalid de la Serie A, cuando la
Lega era el mejor campeonato del planeta -en su época dorada de los 80 y primeros 90, con los alemanes en el conjunto
nerazzurro, los neerlandeses en el
rossonero, Maradona en el Nápoles, Platini en la Juventus y la espléndida Sampdoria-, Berlusconi atraviesa el sentimiento milanista después de haber recuperado Milanello, repartiendo
emociones encontradas entre los
tiffosi.El caso es que esta puerta que se cierra le convierte ya en el
presidente de honor de la entidad y en uno de los nombres más trascendentales de su ilustre historia, al lado de Franco Baresi, la familia Maldini, el
Gre-No-Li (trío sueco de los 50 conformado por Gunnar Gren, Gunnar Nordahl y Nils Liedholm), Gianni Rivera, Nereo Rocco (principal comercial del
catenaccio) o Andrea Rizzolli. Todo ello antes de que se desate el 'derbi chino' que enfrenará a Milan e Inter como emblema de la nueva etapa que ya empapa al
calcio. Así pues, la despedida del dirigente desde el máximo accionariado del Milan estuvo engalanada por los golazos de Suso y Deulofeu anotados, el 9 de abril y en San Siro, ante el Palermo.