Opinión

Disruptivo

TIRO CON ARCO

Dani Villagrasa Beltrán | Domingo 16 de abril de 2017

La palabra disruptivo es obligada en toda charla o conferencia sobre innovación empresarial. Es un peaje imprescindible, como el óbolo puesto en los ojos de los difuntos de la antigüedad. Si no se escucha una, dos, o doscientas veces, el día puede darse por perdido.

Cuando viajo en tren, o en autobús, o en metro, suelo prestar atención al resto de los viajeros por pura deformación profesional. Hace no tanto tiempo, era habitual, sobre todo en los trayectos largos, comprar algo de prensa para distraerse. Ahora suele bastar con el teléfono móvil, en el que puede encontrarse toda clase de entretenimientos. Incluso prensa. ¿Para qué comprar una revista, si se tiene al alcance de la mano esa información, gratis, junto a una gran oferta de otras cosas? Buf, vamos a tener que ser muy disruptivos, los periodistas, en los próximos años.

Una de las cosas disruptivas que han ocurrido esta semana: Tesla ha superado en Bolsa el valor de General Motors, tras rebasar la cotización de la Ford, lo que parece un hito en la historia del automóvil. La compañía está investigando sobre los vehículos del futuro, eléctricos y en mayor o menor medida, autopilotados. Me dicen por ahí que Elon Musk es el nuevo Steve Jobs, que, aunque con menos flow que el fallecido CEO de Apple, es el que puede decir la palabra disruptivo sin que suene a humo. Los coches de Ford y Opel circulan por las carreteras, pero los de Tesla, todavía en un estado más o menos embrionario, ya valen más para los inversores.

Porque eso es cierto. Yo, cada vez que escucho la palabra disruptivo –me ocurre también con otros tópicos del mundo de la empresa, como la exhortación a abandonar la zona de confort- me veo en la obligación de discernir si el que está delante de mí es un vendedor de humo. Es la incredulidad sistematica que se gasta en nuestra cultura.

En las películas del Lejano Oeste americano, aparecían esos vendedores ambulantes que vendían tónicos crecepelos de pueblo en pueblo, aprovechando a los crédulos pioneros norteamericanos. ¿Los CEO de Silicon Valley serán los nietos de aquellos vendehúmos? Tienen una retórica parecida, pero hay que conceder que las innovaciones de sus empresas sí están cambiando la vida de las personas en esta nueva revolución industrial en la que estamos inmersos. Quizá debamos introducir el concepto de la credulidad como algo positivo, o al menos repensarlo.

Un amigo me recuerda que las sondas de la NASA han llegado a Marte, pero que todavía no se ha llegado a ninguna solución capilar positiva. Pero él sabe que da igual quedarse calvo. Que lo más importante es ser disruptivo.

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