Opinión

El PSOE acierta cuando se equivoca

Olga González Alonso | Sábado 28 de junio de 2008
Existe cierta tendencia entre los ciudadanos a pensar que una parte importante de sus vidas depende de las teclas que tocan los políticos. Pero resulta menos imaginable que deban poner todas sus esperanzas en una sola, en un solo botón y, sobre todo, que sea el equivocado.

Eso es justo lo que ha ocurrido esta semana en Galicia. Las viudas gallegas, unas 160.000, estarán muy agradecidas al PSOE después de que, por una equivocación suya a la hora de votar, el Parlamento gallego aprobara, a iniciativa del PP, que la Xunta aumente la cuantía de sus pensiones y de las prestaciones para sus hijos.

De no ser porque la socialista Dolores Villarino, nada menos que la presidenta de la Cámara, apretó el botón del sí en lugar de la tecla del no, el colectivo de viudas seguiría condenado a malvivir con unas pensiones inferiores a la media de España. Pero doña Dolores se equivocó y su error se convirtió en un acierto para ese sensible sector de la sociedad gallega.

Un beneficio social que a los compañeros de la presidenta parlamentaria no les hizo ninguna gracia, que no estamos aún en Galicia tan metidos en campaña electoral como para empezar ya a hacer gestos en ese terreno llamado política social o atención a los más desfavorecidos que tanto vende en los momentos oportunos, o sea, en los de ganar votos de cualquier forma. El beneficio logrado para las viudas y sus hijos no les compensó a los socialistas el disgusto que supuso que el Gobierno bipartito que comparten con los nacionalistas perdiera por primera vez una votación.

La iniciativa del PP logró, gracias a la equivocación, sumar uno más a los 37 votos populares y, así, la mayoría absoluta. Un gazapo que echó por tierra la imbatibilidad del Gobierno gallego en el único acto en el que el matrimonio PSOE-BNG se mantenía, hasta ese momento, unido, aunque fuera a fuerza de obligar a algún diputado a regresar precipitadamente de un viaje, a abandonar la cama por estar enfermo, o a acudir al hemiciclo nada más enterrar a un familiar, cuánta sensibilidad tiene la política. Mucho esfuerzo tirado por un despiste que, pese a las protestas de sus compañeros y a que reglamentariamente podía hacerlo, la presidenta del dedo mal dirigido no quiso enmendar.

Ella dio muchas excusas, perdiéndose en argumentos jurídicos que resultaron no ser válidos. Después, en los pasillos, se comentaba que el error no fue tal, sino un acto premeditado de demostración de fuerza por parte de una socialista a la que, parece ser, su partido quiere apearla de su Ejecutiva en el congreso que celebrará en julio. “Vaya, me equivoqué de botón”, dijo la presidenta, fuera cual fuera la verdadera razón. Y las viudas encantadas de que, sólo equivocándose, alguien del PSOE acertara a tenerlas en cuenta.

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