Editorial

Puigdemont se instala en el fracaso

Martes 18 de abril de 2017

La embajada de Estados Unidos publicaba recientemente un comunicado oficial en el que consideraba el tema catalán como “un asunto interno”, al tiempo que apostaba por “una España fuerte y unida”. Coincidía en el tiempo con la fallida -algo previsible, por otra parte- entrevista (al parecer, costosa) de Carlos Puigdemont con Jimmy Carter, en la cual el ex presidente norteamericano declinaba la invitación para involucrarse en el procés.

Tampoco en la UE le han ido mejor las cosas al nacionalismo catalán. Sus reiterados intentos de vender el órdago secesionista han fracasado de un modo tan reiterado como estrepitoso, por cuanto Europa no está por la labor de semejantes ocurrencias. Es algo que la prensa catalana, esclava de la subvención, suele tratar de difuminar, si bien los hechos son tozudos: el procés sólo le interesa a Esquerra, la CUP y los deshechos de Convergencia -y, según convenga, a Ada Colau-.

Ahora, además vuelven a aflorar las diferencias entre Esquerra y el PdCat, poniendo de relieve otra vez que en Cataluña quien lleva la manija es la izquierda radical. Primero Mas y ahora Puigdemont parecen empeñados en dejar huérfano al nacionalismo moderado, ese al que intentó llegar sin éxito Durán Lleida. Por desgracia, el fracaso en que se han instalado no es sólo suyo, sino el de Cataluña en su conjunto.