Opinión

Huelga policial

Sábado 28 de junio de 2008
No suele ser frecuente que en un determinado colectivo haya unidad sindical. En el caso concreto de la Policía nacional, tal regla no es una excepción –hay cinco sindicatos diferentes-. Por ello, cada vez que hay un acuerdo en este sentido, suele ser sinónimo de que el motivo por el que se protesta es ciertamente importante. Y lo es. En esta ocasión, los sindicatos del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) desarrollarán sus funciones poniendo en práctica el llamado "trabajo a reglamento"; una huelga de celo en la que se limitarán a cumplir de forma escrupulosa la normativa. A esta movilización se han unido cuatro asociaciones de la Guardia Civil. No es para menos. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tienen vetado el derecho a la huelga, por lo que las iniciativas en caso de conflicto laboral han de tener un especial cuidado en este sentido.

Y sentido precisamente es el que tienen sus reivindicaciones. Entre otras, las centrales sindicales reclaman la equiparación salarial con las policías autonómicas, por otra parte, una obviedad. Cuesta entender que un Ertzaina o un Mosso de Escuadra cobre unos emolumentos netamente superiores a los de un Policía Nacional o Guardia Civil, cuando su cometido es el mismo. Algo parecido reclamaban los trabajadores de justicia en su última huelga. Los desequilibrios económicos que determinadas conductas autonómicas ocasionan pueden adquirir un grado muy preocupante, si el Estado sigue en su dejación de funciones, camuflada en “dosis de autogobierno. En el caso de Policía o Guardia Civil, el caso es aún más grave, teniendo en cuenta la especial peligrosidad de su oficio y lo exiguo de sus retribuciones. La seguridad es importante. Y quienes velan por ella, también.

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