Opinión

Amantes

Reyes de Gregorio | Domingo 27 de enero de 2008
No es probable que Sarkozy y Carla Bruni, de los que tanto chisme se habla ahora, pasen a la historia como amantes, al contrario de lo que les pasó a Diego e Isabel, Romeo y Julieta o Abelardo y Eloisa, aunque no creo que eso les importe demasiado.

Después de todo, los de Teruel y los de Verona fueron amores eternos, tan eternos como imposibles y nunca llegaron a consumarse. En cuanto a Abelardo y Eloisa, sí fueron amantes plenos, pero pronto les alejaron las cosas de la vida, no sin que antes el sufrido Abelardo perdiese lo más específico de su masculinidad a manos de un irascible pariente de su amada.

Igualmente trágica y hermosa es la leyenda oriental del Loco por Laylà, que cuenta cómo el joven Qais fue persiguiendo durante años el rastro de su perdida enamorada por todas las caravanas de oriente, hasta que al final perdió la razón al tiempo que la esperanza de volver a verla, literal y muy literariamente loco por Laylà.

A nosotros nos ha llegado un eco gracias al guitarrista Eric Clapton, quien cuando estaba loco por la mujer de su amigo George Harrison, Patty Boyd, supo de esta historia y escribió una canción, "Layla", con la que conquistó a Patty. Los tres formaron durante un tiempo uno de los triángulos amorosos más equiláteros de toda la historia del rock y Clapton pudo recuperar la razón, llegando a casarse con Patty y luego incluso, cosa igualmente razonable, a divorciarse de ella.

Si a Sarko y Carla no les importa lo que los demás puedan decir de ellos, hacen bien. Los amores de libro, para los libros. No debiera importarnos que nuestro amor pueda morir sino el que este instante, al menos, esté plenamente vivo.

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