Todos miran a Francia para saber qué puede pasar en España. No es mal método para orientarse en la vida política. Es fácil. No exige mucho esfuerzo y basta cambiar unos nombres por otros. Las ventajas son sencillas. No seré yo quien deje de utilizarlo. Además, la inteligencia, según mantienen científicos reputados, procede siempre por comparación. “A es más inteligente que B” o “C lo hará mejor que D”. También la inteligencia política es comparable. Nada importante que objetar a esta obsesión por compararnos con Francia. Sigamos la estela de los políticos españoles. También yo haré una pregunta comparativa: ¿hay más y mejor calidad política en Francia o en España? La respuesta es obvia. La democracia, desde todos los puntos de vista comparativos que utilicemos entre un país y otro, es superior en nuestro país vecino.
No es necesario entretenerse en buscar los motivos y las razones de esa superioridad. Sencillamente, están ahí para quienes quieran estudiarlos. Dos aparecen de modo inmediato a nuestra consideración. El primero se refiere a los dos primeros partidos de España: PP y PSOE: ¿cree alguien que, en unas próximas elecciones españolas, desaparecerían PSOE y PP como han desaparecido en las elecciones francesas del domingo el Partido Socialista de Francia y los republicanos de Fillon? No, no, dirán ustedes con toda razón. Ni el PSOE ni el PP, según todas las encuestas de intención de voto, desaparecerán. Más aún, el PSOE podría recuperarse y el PP podría adelantar las elecciones para no fenecer ante los casos de corrupción. Es elemental que las comparaciones tienen sus límites. Ni Rajoy es Fillon, ni la situación de esos dos personajes es idéntica, ni las elecciones presidenciales francesas pueden compararse con las elecciones al parlamento español. Tampoco el nuevo candidato del PSOE se parecerá mucho a Hamon, porque ninguno de los tres que compiten por la Secretaria del PSOE defiende con claridad y contundencia el Estado-nacional, España; los tres siguen jugando y haciendo guiños a los independentistas, algo que sería inaudito para un socialista francés. Además, Macron ha recibido todo el voto del partido conservador de Francia, porque no soportaban votar a un corrupto como Fillon; no creo que eso pasase jamás en España. Y, sin embargo, los del PP y PSOE sacarán conclusiones inmediatas de Francia: el centrismo liberal está derrotando al populismo, porque los votantes quieren gente nueva y limpia. ¿Cuánto tienen que robar nuestros políticos para que los votantes españoles cambien su voto?… En España, por desgracia, cuando llegan las elecciones, la corrupción pasa a segundo plano y el personal sigue votando no a favor sino contra el que más odia.
Y respecto a los nuevos partidos también me atrevería con otra comparación: “¿podría ser Rivera el nuevo Presidente del Gobierno, como en Francia puede ser Presidente de la República su homólogo Macron, y los de Podemos quedarse reducidos a los porcentajes del viejo PCE o los de sus correligionarios franceses, liderados por Mélenchon? No responderían afirmativamente las encuestas. Todas los estudios demoscópicos dan una subida a Ciudadanos en intención de votos, pero nunca para superar al PP ni tampoco al PSOE ni a Podemos. Pero, naturalmente, Ciudadanos es el partido que mejor puede rentabilizar la victoria de Macron, si y solo si es capaz de cantar, por tierra, mar y aire, la novedad que trae a Francia y Europa el nuevo candidato del liberalismo francés, a la par que hace llorar a sus competidores populares, socialistas y podemitas. No lo tiene fácil Ciudadanos. No resulta tarea sencilla cantar de alegría a la vez que hace llorar a sus competidores. Es una labor extraordinariamente complicada y, por desgracia, a largo plazo, sobre todo si no se cuenta, como es el caso de Ciudadanos, con personas y medios de comunicación potentes para transmitir su mensaje. El PP acosa, a veces con extrema dureza, a Ciudadanos, mientras que los de Rivera solo de boquilla amenazan la estabilidad del Gobierno nacional y los mesogobiernos regionales. Macron le brinda a Rivera una oportunidad para crear una nueva situación política a su favor. ¿Lo hará? ¡Quién sabe! ¿O Ciudadanos se atreve a dar el salto, o sea, imitar a Macron, o quedará más encanijado de lo que está?, ¿o Ciudadanos rompe con su correcto conformismo en las instituciones o quedará para siempre reducido a ser solo una promesa? Es menester salir de la actual inercia. Hay que romper con los pequeños planteamientos. O se atreve a liderar un amplio movimiento político, que recoja, como ha hecho Macron, las energías de quienes están hartos de la corrupción y la demagogia de los viejos y los nuevos partidos, o quedará reducido a las tareas gregarias, dignas pero menores, que exige la democracia para el funcionamiento regular de una gobernabilidad sin ilusiones.
Las comparaciones en todo caso tienen límites, incluidas las de esta columna. En fin.