El afán de protagonismo de Podemos parece el rayo que no cesa, mostrando un hambre de portadas y titulares. Hasta ahora, sobre todo, se habían centrado en actuaciones llamativas, que perseguían, en un intento tan ridículo como vano, “épater le bourgeois. Ahí están, entre otras, la imagen de una Carolina Bescansa dando el pecho a su bebé en el escaño, de un Pablo Iglesias besando a Xavier Domènech, portavoz de EnComúPodem, o utilizando un lenguaje soez. Hoy no nos escandalizamos de nada y épater le bourgeois es algo absolutamente trasnochado, lo que más allá de la anécdota y de ese ansia de protagonismo, puede ser metáfora de lo trasnochado de Podemos, de su anclaje en recetas caducas, que ya se ha visto en la historia a dónde conducen.
Da la impresión de que ahora han abandonado -¿será solo por el momento?-, la estrategia de montar numeritos más propios de adolescentes que quieren llamar la atención que de quienes pretenden dirigir un país. Han montado un numerito más o lo grande con el anuncio de una moción de censura contra Mariano Rajoy. Prácticamente a poco de hacer el anuncio con considerable parafernalia, PSOE, Ciudadanos y el PNV han manifestado con claridad que no la apoyarán. Algo que muy probablemente se esperaba Iglesias y que convierte la iniciativa en completamente inviable. Pese a ello, el líder de la formación morada ha dicho que no solo seguirá adelante con ella, sino que comenzará una ronda de contactos con representantes de la sociedad civil.
Ahora bien, ante el numerito a lo grande de la moción de censura de Podemos no habría que dejar de reflexionar, pues no ha surgido por generación espontánea. Aunque no solo él, el Partido Popular tiene un más que serio y complicado problema por los casos de corrupción que se acumulan en su seno. Esto, sin duda, ha dado pie a los podemitas a plantear una moción de censura. El PP, a través de su portavoz en el Congreso, Rafael Hernando, ha respondido que “¿A qué esperan? Ya están tardando”. Pero el PP haría bien en no solo utilizar la ironía, ponerse de perfil, o quitar hierro al asunto.
Tiene la obligación de afrontar la cuestión de frente y de una vez por todas y de tomar medidas contundentes y realmente eficaces. Entre ellas, todas las formaciones habrían de convenir un cambio radical en la ley de financiación de los partidos, que tal y como está concebida es prácticamente una puerta abierta a la corrupción, del mismo modo que organizaciones burocratizadas y desmesuradas de los partidos exigen demasiados recursos: Génova (y Ferraz) son un pozo sin fondo que hay que financiar. Habría que eliminar con urgencia todo resquicio que sea terreno abonado para que Podemos monte sus numeritos, a lo pequeño o a lo grande.