Opinión

Moralismo podemita

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 29 de abril de 2017

Los políticos de Podemos amenazan a Rajoy con presentar una moción de censura. Al margen de las normas establecidas por el sistema político y, seguramente, al margen del sentido común, Pablo Iglesias habla de la moción de censura sin presentar un programa de gobierno ni un candidato. Este proceder es más que extraño. Parece un atentado a uno de los procedimientos que contempla la democracia española para seleccionar a sus élites políticas. La moción de censura tiene por objetivo intentar cambiar al presidente del Gobierno por otro que defiende un programa de Gobierno alternativo. Sin embargo, Podemos considera que las normas y los procedimientos jurídicos y políticos de la democracia no importan nada, puesto que no les importa el candidato que defienda la moción de censura ni tampoco les preocupa en exceso cuál sea el programa alternativo de Gobierno. Por no importarles, en efecto, ni siquiera les importa quién pudiera respaldar en el Congreso de los Diputados su disparatada ocurrencia. Esto es una patada al sistema democrático.

¿Cómo se desprecia esa institución de la democracia que llamamos “moción de censura”? Pues recurriendo a lo más antipolítico de los partidos populistas, comunistas y fascistas de todos los tiempos, a saber, el “moralismo”. Podemos, sí, presentará la moción de censura por “deber moral”. La falta de ideas políticas suele ocultarse debajo del lenguaje abstracto de la falsa “moralidad”, del bien y del mal en abstracto, de tópicos y lugares comunes absurdos que ocultan lo esencial y no resuelven los problemas de los ciudadanos de a pie. Son como los jardines de Carmena en el techo de los buses: nadie conoce sus beneficios, pero hay que hacerlo por el “bien” del medio ambiente.

No es la primera vez en la historia, ni será la última por desgracia, que una fuerza política adopta el lenguaje “moralista” para aplicarlo a sus acciones. Recordemos un ejemplo de la vieja Unión Soviética. Estamos en los años 30 del siglo XX, en una aldea ucraniana de tierras negras, consideradas las más fértiles del mundo. Allí todo el grano, trigo y centeno, fue confiscado por la administración soviética en cumplimento del “deber moral” de todos los ciudadanos soviéticos a compartir los bienes. Como resultado llegó una hambruna en estas aldeas donde los niños morían de hambre, Vasili Grossman lo describe así: “Por la mañana, los carros de plataforma, tirados por caballos, recogían a los que habían muerto durante la noche. …Vi uno de estos carros donde estaban amontonados los niños. … Entre ellos había alguno que aún gimotea; le pregunté al cochero, hizo un gesto desdeñoso con la mano y dijo: “Antes de que llegue al destino, se callarán para siempre”. Mientras tanto, ¿qué decía el gran Soviet? Pues, los políticos soviéticos y sus fieles lacayos intelectuales, como Maksim Gorki, escribían artículos en los periódicos sobre la gran necesidad que tienen los niños de la Unión Soviética de juguetes culturales. Uno de los rasgos más característicos de la moral soviética consistía en el sacrificio total de un ser humano a la maquinaria estatal, es decir, desprecio e inflexibilidad ante el sufrimiento humano en nombre de la moral comunista.

Pues eso, Podemos quiere presentar una moción de censura en nombre de principios tan abstractos como la “moral de la patria” podemita, ¡vaya usted a saber qué es eso!, y sin importarles el nombre del candidato a la presidencia, el programa alternativo de gobierno y desconsiderando los posibles apoyos… Esto no es serio sino “populismo moralista”.