Martes 02 de mayo de 2017
Como viene siendo tradicional, ayer se conmemoró en todo el mundo el Primero de Mayo. En nuestro país coincidió que se mismo día se cumplían cuarenta años de su legalización, en el marco de una Transición, hoy cuestionada irresponsablemente por algunas voces, cuando, con sus luces y sombras como toda obra humana, supuso la base del sistema de libertades y convivencia pacífica del que gozamos. La jornada se desarrolló con total normalidad, de manera absolutamente cívica. Se repitió la tónica de los últimos años en los que la asistencia a las manifestaciones convocadas por los sindicatos es más bien escasa. Como escasa es la afiliación, elementos que denotan con claridad que muchos trabajadores no los ven con suficiente confianza y no consideran que verdaderamente les representen.
Los sindicatos son, sin duda, una pieza clave en la democracia y es imprescindible que encierren fortaleza. Y, sobre todo, que estén a la altura de los tiempos, en consonancia con un siglo XXI complejo en el que no valen presupuestos y recetas del pasado, máxime cuando han mostrado su ineficacia. Las centrales sindicales españolas tienen ante sí un considerable reto para hacer frente a los nuevos desafíos, empezando por su propia reestructuración, en la que debería haber, entre otras cosas, más eficacia, más transparencia, menos burocracia y menos dependencia de las subvenciones, así como no ser una especie de filiales de los partidos de izquierda, pues velar por los intereses de todos los trabajadores, sea cual sea su ideología, es su misión.
En las manifestaciones de ayer, los sindicatos pidieron la derogación de la reforma laboral y amenazaron a la patronal con un calvario si no se llega a garantizar subidas salariales. Y se deslizaron apreciaciones muy desafortunadas como decir que en España prácticamente no existe separación de poderes, como si fuéramos un país bananero. Esperamos que ello obedezca más al fragor del momento y que se imponga la racionalidad y la decidida voluntad de consenso -naturalmente por ambas partes-, en las negociones de los convenios. Especialmente por el propio bien de sus representados, se necesitan unos sindicatos modernos, flexibles e independientes.