Opinión

Rectificación de la democracia

TRIBUNA

Emilio Arnao | Viernes 05 de mayo de 2017

Ya habló Ortega de una “Rectificación de la República”, lo cual ocasionó que, al verse desatendido, cayera en lo que se ha denominado como “El Gran Silencio” del autor de “Meditaciones del Quijote”. Yo, que soy orteguiano hasta el harnero, quiero escribir hoy aquí -sin ser yo por supuesto el gran Ortega- una rectificación de la democracia, y más exactamente de la democracia española. Veamos: todos ustedes son conocedores de estos tiempos convulsos y talluditos por los que está pasando esta gran nación que es España. Convengo, por lo tanto, en que la política se ha convertido en aquel teatro del mundo del que ya nos alertó Calderón de la Barca. Es urgente y necesaria una búsqueda de soluciones. ¿Cuáles son éstas? Desde mi alero como columnista y sobre todo como patriota español que me considero entiendo que alumbradamente se debe implantar aquello que ya los antiguos definían como “regeneracionismo”, digamos que un Joaquín Costa. España no puede ni debe continuar diseccionando o mejor aniquilando este único hoy posible sistema político en que consiste una democracia, la democracia española que tanto nos costó reconstruir tras el funesto y sangrante comunicado de la Historia.

Creo, por asistir a los nuevos tiempos, que la democracia transicional que evitó una continuación de la dictadura en estos momentos está ya ajada y cruelmente vapuleada por los acontecimientos y recrudecimientos de esta coetaneidad en la que sigue instalada. Los distintos gobiernos españoles y, sobre todo, el gobierno del Partido Popular que hoy padecemos se han encargado quizá con toda alevosía de que los españoles en estos momentos nos hallemos confundidos y engañados por el tamiz en que se está desarrollando la heterodoxia y la falta de aplicación de la mayoría de los artículos de la Constitución de 1978. Por lo tanto, insinúo y concedo, como conducido por la ambulancia del presente, que debería reformarse o escribir de nuevo una Constitución más talentosa desde la cual todos los españoles nos volvamos a sentir lealmente y patrióticamente identificados con ella. Desde el consenso político, desde el avance hacia una modernidad que en este país está siendo ocultada a partir del abuso, la mentira, la no separación de los tres poderes constitucionales, la corrupción sistémica y fusilera causante del saqueo perpetuo ya no de las arcas públicas sino del corazón de uno y cada uno de los españoles, la ausencia de partidas sociales -hoy Montoro ha dicho que los presupuestos generales en lo social es como ser cedidos a la embriaguez o al despilfarro-, tengo la convicción de que o aplicamos el sentido común y la normalización de la sincronía de la metafísica política o corremos el peligro de que la democracia acabe en el vertedero de la ficción nacional evolucionando hacia la trayectoria histórica en que siempre ha consistido España, esto es, hacia la oligarquía, el autoritarismo o la defenestración de la dignidad del Estado.

Humildemente apelo a la concienciación de todos los españoles, únicos valedores del frenesí democrático, para que desde la protesta y la acción política obliguemos a nuestros actuales políticos a que reflexionen sobre la imperiosa necesidad de un nuevo marco constitucional el cual sea respetado y embellecido con la intención noble y sagrada de volver a hacer de España una nación donde la libertad, la igualdad y la riqueza de los prístinos valores humanos sean una realidad y una constancia sin vuelta atrás con las cuales, como digo, desde la rectificación de la democracia, podamos por fin abrir los paisajes españoles, hoy enfermos, y volvamos otra vez a sentirnos orgullosos de esta gran nación que es España.