Opinión

A Mohamed Talbi en reconocimiento de su valía

TRIBUNA

Víctor Morales Lezcano | Martes 09 de mayo de 2017

Recientemente, ha fallecido Mohamed Talbi (1921-2017), un destacado intelectual tunecino. Porque el profesor Talbi destacó realmente en el estudio y la divulgación del Magreb medieval desde su cátedra en la única universidad tunecina que abrió sus puertas, a propósito, coincidiendo con la independencia de Túnez de la administración de protectorado francés en 1956. Es decir, que Talbi perteneció a una generación de intelectuales magrebíes que sobresalió por su alineamiento “independentista” (caso del marroquí Allal el-Fassi, o del argelino Messali Hach) antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, para continuar en la brecha política anticolonial hasta avanzados los años 50 del siglo XX.

Talbi tuvo desde los años 60 del siglo pasado una proyección intelectual nada desdeñable: la de pensador exigente en un tema siempre espinoso. Me refiero a la polémica interior del Islam reformista y, por ende, compatible con los tiempos modernos, frente a la tradición salafí, expresamente adversa a la alteración de las leyes y las costumbres del Islam sempiterno.

Conocí y traté, a las puertas del siglo XXI, al destacado intelectual que acabamos de perder. Andaba entonces el autor de estas líneas en la preparación de una trilogía que llevaba por título Diálogos ribereños, proyecto que llegó a puerto seguro con la colaboración eficiente de licenciados y doctores hispano-magrebíes del distrito madrileño y de las universidades de Tetuán y Rabat en Marruecos y de La Manouba en Túnez. Fue en Túnez, precisamente, donde tuve el honor de ser convocado por Mohamed Talbi, en su domicilio, primero, y en el hotel Ariha, en alguna que otra ocasión.

Si un lector se interesara en escrutar la personalidad intelectual del profesor Talbi, haría bien en asomarse a las páginas 321-353 de mi obra Diálogos ribereños (II). Conversaciones con miembros de la élite tunecina (ed. UNED, 2005), donde aquella se refleja. Poco antes de pasar a mejor vida, Alfonso de la Serna quiso ofrecernos un conjunto de recuerdos, tanto diplomáticos, como, a la vez, de la vertiente amigable que también abunda en el historial hispano-magrebí. Historial secular, complejo y enriquecedor, que De la Serna nos legó de la mediterraneidad a la que pertenecemos. Él quiso que su miscelánea recordatoria sirviera de prólogo a los Diálogos, en los que figura la entrevista al profesor Talbi, a la que se ha hecho referencia anteriormente. Tengo para mí que no he de fatigar al lector en este in memoriam con paráfrasis del contenido de aquellas entrevistas –para mí inolvidables– como las que entonces mantuve con Nejib Bouziri, Mohamed Charfi y Abdeljelil Temimi. O sea, entre diversos dialogantes que contribuyeron a convertir en realidad el proyecto de Diálogos ribereños. Lo que, sin embargo, debo ofrecer a continuación es una de las elaboradas reflexiones en las que abundó Mohamed Talbi durante la trayectoria de su magisterio intelectual. Dice así: La historia no está hecha de rencores. La historia tiene que estar hecha de comprensión, para ir más allá. Hay que entender, analizar bien, los problemas para dejarlos atrás. Para superar, ser dueño de la historia de uno, no dejarse arrastrar por la historia, sino orientar la historia propia. Cuando se tiene una memoria instintiva, una memoria que no es histórica, se es como un río de aguas bravas que se dejan arrastrar por la historia, generando odios, que no se consiguen superar.

Hay una deuda de gratitud contraída con Mohamed Talbi en cuanto pensador árabe de alto bordo, defensor del diálogo judeo-cristiano-islámico y tenaz espíritu crítico de todas las imposturas. Estas líneas solo pretenden recordar la inteligencia preclara de un intelectual árabe amante de las libertades, que se ha despedido de todos para siempre.