Opinión

Extirpadores de idolatrías

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 13 de mayo de 2017

Pasan cosas hoy en España que parecen repetición de su peor pasado. He aquí un ejemplo. El siglo XVII, en el virreinato del Perú, fue una época bastante agitada. Mucho alboroto causó la campaña de “extirpación de idolatrías” llevada a cabo por algunos religiosos que empezaron a buscar las momias de los incas y los ídolos para su destrucción. La razón para tales pesquisas no era otra que el regreso de algunos indios a sus antiguas creencias e idolatrías, que con frecuencia implicaban rituales mágicos y a veces sangrientos. Uno de los objetivos principales de los sacerdotes fue descubrir las momias de los antepasados incas, guardadas y adoradas por los indígenas en una especie de cuevas que les servían de “adoratorios”. En la provincia de Cajatambo un informe de 1619 da una cifra de 1365 cuerpos encontrados, esa cifra creció casi hasta los 2000 en Huarochirí. Las iglesias de los pequeños poblados se convirtieron en un foco de la actividad constante: sus habitantes se dedicaban a enterrar y desenterrar las momias, cuando los visitaba algún religioso…Sí, las desenterraban para esconderlas en cuevas y, más tarde, cuando desaparecían los religiosos, volvían a enterrarlas.

Las campañas de extirpación de las idolatrías siempre causan un efecto alentador entre el público actual. Se oyen susurros: ¡qué tiempos más bárbaros! ¡Qué falta de libertad! Muchos recuerdan de inmediato sobre la temible Inquisición. Pero, si lo pensamos bien, ¿ha mejorado mucho la situación actual? Sin duda, hoy tenemos mayor libertad, pero hay comportamientos que nos sumen en el pesimismo sobre la condición humana. Si antes los religiosos buscaban las momias para extirpar los cultos antiguos, ahora tenemos todo el Congreso de los Diputados empeñado en ello. Los comportamientos salvajes y primitivos vuelven al Palacio de Congresos de la Carrera de San Jerónimo. La votación sobre la permanencia o el traslado de los restos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera del Valle de los Caídos es un acto que recuerda los espectáculos a que daban lugar la extirpación de idolatrías. Terrible.

Pero lo más grave no es la utilización de los restos de los muertos sino la utilización de la historia de España. Dos mil años de historia puede sonar como un tópico, pero no lo es. Conocer la historia de España es fundamental para cualquiera de sus ciudadanos. ¿Y qué es lo que hacen los políticos? Crean una doctrina ideológica conocida como la ley de la Memoria Histórica que implica cambiar los nombres de las calles, sacar a los muertos de sus sepulturas y contar la historia según les place. ¿Alguien habrá defendido otra interpretación de la historia? No, porque para hacerlo es menester tener las dos cualidades que en el Congreso no asoman por ningún lado: el conocimiento y el coraje. A lo más que llegan es a la abstención. En algunas fuentes se dice que solo un diputado votó en contra. Un mérito singular. Lo más curioso es la respuesta de C´s: hay que mirar al futuro. ¿Futuro? Espero que el futuro de C´s nada tenga que ver con Stalin, quien siempre mantuvo una “política orientada al futuro”. Stalin fue el mayor promotor del futuro en la historia criminal del siglo XX: en efecto, después de llevar a millones de ciudadanos al matadero solía repetir miremos al horizonte, “allí está el futuro glorioso”. Era una forma de prepararse para la siguiente matanza. En nombre del futuro se han cometido las mayores salvajadas.