Opinión

Otras alternativas para el éxito profesional

TRIBUNA

Nacho López | Viernes 19 de mayo de 2017
No des a nadie lo que te pida, sino lo que entiendas que necesita; y soporta luego la ingratitud.” Miguel de Unamuno

Lucha, confianza, pundonor, furia, valor, competición, pasión, superación, fortaleza, victoria, ‘más’, inconformismo, voluntad, seguridad, coraje, etc. Todas ellas, palabras claramente asociadas al éxito profesional, al deportivo o, incluso, al éxito personal. En los últimos tiempos también se han asentado, entre nuestros jóvenes, valores o palabras como “identidad”, “rebeldía”, “asertividad”, “interés”, “derechos”, “exigir”, etc, para garantizar el éxito profesional. En general, tanto unas como otras están relacionadas con la fuerza, con la energía y, en gran medida, con el individualismo y el egoísmo. No es mi intención valorar la eficacia de los “mantras” arriba mencionados, sino ofrecerles otras alternativas, otras palabras, diferentes, quizás ocultas, latentes, que podrían, por qué no, ayudarle en su largo camino profesional y personal.

Miedo. Tener miedo o tener falta de confianza no es algo malo. El miedo, dentro de unos parámetros normales, produce una tensión física y mental que nos mantiene alerta y nos activa. La falta de confianza, por otra parte, genera humildad. El día que dejemos de tener miedo o tengamos demasiada confianza, será el día en que empecemos a perder estas dos grandes cualidades, la humildad y la tensión biológica, y también será el día en que pasemos de ser unos ‘ganadores’ a ser unos ‘perdedores’ (del inglés “losers” y “winners”).

Derrota. Todos sabemos que perder no es necesariamente malo sino que puede ser muy saludable, pero en este caso les hablo de dejarse ganar a propósito, es decir, perder en el momento presente para ganar en el futuro. El ejemplo más típico que me viene a la cabeza es el de aquellas personas, compañeros, amigos, que, llevando muchos años en la misma empresa, no son capaces de cambiar de empresa o de actividad hasta que no les echen y les paguen lo que “supuestamente” le debe la empresa (el pasivo laboral). Entiendo que a lo largo de muchos años han visto a muchas personas irse de la empresa en la que trabajan (despedidos) con los bolsillos llenos (indemnizaciones) y no son capaces de entender que la persona que trabaja bien, el bueno, el ganador, el “winner”, nunca es despedido y que para mejorar, para avanzar, tienen que irse por su propio pie, sin indemnización alguna. Hay veces que, para subir a la superficie y salvar la vida, hay que soltar todo el peso que nos arrastra hacia el fondo. Aunque fuera un cofre lleno de oro.

Confianza. En esta ocasión, no me refiero a la confianza en uno mismo ni a la falta de confianza anteriormente mencionada, sino a la confianza que depositan el resto de las personas en nosotros. Ese respeto que nos tienen los compañeros, los clientes, los rivales y los jefes. ¿Cómo se forja ese respeto, esa confianza? Es muy sencillo: siendo honrado y cumplidor. No prometer nada que no podamos cumplir ni hacer nada que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros mismos. Ni a un compañero, ni a un jefe, ni a un cliente, pero tampoco a un subordinado ni a nuestro competidor, ya que un “winner” nunca habla mal de la competencia.

Perdón. El rencor, la ira y la furia, como la queja, no ayudan a trabajar mejor, ni a ser mejor persona, aunque sea práctica habitual de muchas estrellas profesionales, del deporte, de los celebrities (famosos) o las emociones más manoseadas por la mayoría de los hinchas fanáticos (de equipos de fútbol, generalmente). Los insultos y la rabia no suman nada, solo restan. El perdón, sin embargo, es una cualidad que entierra los malos sentimientos, que olvida lo que nos duele y empatiza con aquellos que nos agreden o nos han hecho daño. El perdón es fundamental para seguir hacia delante y crecer profesional y personalmente. Nos hace mucho más grandes, más valiosos, más compasivos.

Generosidad. Parece obvio que ser generoso es productivo a título personal, pero no está muy claro que serlo en el trabajo sea tan provechoso para nuestros intereses profesionales y monetarios. Imaginen por un instante que les hacen responsables de un departamento y les dicen que pueden contratar a los 10 mejores profesionales del sector. Dentro o fuera de su empresa, como deseen. También les dicen que es responsabilidad suya la política de retribución de su equipo, es decir, qué sueldos y qué compensación variable deben pagar. ¿Qué creen que sería mejor para sus intereses personales, pagarles más o menos que a usted mismo? En su respuesta está una de las claves del éxito profesional. Los verdaderamente buenos se rodean siempre de los mejores profesionales porque son conscientes de sus carencias y, humildemente, deciden tener los mejores activos (y los mejores sueldos) a su lado. Un equipo motivado llega mucho más lejos que un valiente confiado.

Menos es más.
Frase recurrente en muchas de mis columnas que hoy no podía no-aparecer. Se dice que “el que mucho abarca, poco aprieta”. Intentar caer bien a todo el mundo es imposible y poco recomendable. Uno ha de elegir un bando y ser fiel a esas personas. Sus compañeros, sus socios. Lo mismo aplica para los clientes, ya que intentar cubrir muchos clientes baja la calidad del servicio (todos tenemos clientes: externos y también internos, como los compañeros dentro de nuestra empresa). En la gestión de nuestro tiempo, no seremos eficientes si intentamos cubrir mucho trabajo o si decimos que “sí” a todo. Es importante poder cumplir, ¿recuerdan? “Menos es más” también se puede referir, por ejemplo, a que muchas veces es muy recomendable cambiar de puesto de trabajo ganando menos dinero o en un proyecto menos grande. Un aparente paso hacia atrás, para reflexionar y coger impulso, puede ayudarnos a avanzar mucho.

Los cambios son excelentes maestros profesionales, ya que no solo aglutinan todos estos elementos: el miedo, la derrota, el respeto ajeno, el perdón y la generosidad, sino que son el mejor campo de pruebas para aprender y seguir creciendo intelectual y emocionalmente. Por último, me gustaría añadir una cualidad, también de dudosa utilidad, que me parece fundamental: la maleabilidad. ¿Alguna vez se han preguntado si son ustedes buenos amantes? No me refiero a lo que otras personas, sus amantes, les hayan dicho ni tampoco a lo que ustedes cuentan en público, sin pensarlo demasiado. Creo que la respuesta más sincera sería un “depende”. Depende de con quién, cómo y cuándo. Lo mismo pienso del trabajo, uno es malo, regular, bueno o buenísimo dependiendo de cuándo, de dónde y de con quién trabaje. Yo he sido de todo, bueno, regular y malo, pero también sigo siendo todos ellos, es decir, en un entorno favorable, con unos compañeros honrados y con unos jefes cumplidores, todo es posible, ¿no creen? Aunque no hace falta que me crean, pruébenlo ustedes mismos. Cambien, tengan miedo, perdonen, pierdan y aprendan.

Un líder es alguien que conoce el camino, anda el camino, y muestra el camino.” John C. Maxwell