Opinión

Radicalismo de boquilla

TRIBUNA

Agapito Maestre | Lunes 22 de mayo de 2017

Ante la vulgaridad de las peroratas de Susana Díaz, ha ganado la determinación de Pedro Sánchez. Todos nos temíamos algo así. Salvo los estultos, El País y el Grupo de A 3 Media, especialmente la Sexta, pocos apostaban por la baronesa de Andalucía. Vuelve a la jefatura del PSOE un líder marcado por las derrotas electorales. La mayoría de los medios de comunicación consideran que eso significará una radicalización del PSOE y un acercamiento a las posiciones de Podemos. ¡Quién sabe! Yo tiendo a disentir de ese análisis, entre apocalíptico y resignado, que nos mete miedo con un Frente Popular que arrasará, primero, con el gobierno del PP y después con el entero sistema de 1978.

Me parece que la gente del PSOE no está para aventuras con los amigos de Maduro. No veo yo a Bono y Zapatero, dirigidos por Sánchez, luchando, junto a Iglesias y Montero, contra la derechona en las barricadas de la Puerta del Sol. Tampoco puedo admitir que Pedro Sánchez sea comparado en radicalismo a Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto. Menos aún creo que Sánchez juegue a la ruleta rusa hasta suicidarse. Todo es un poco más sencillo. Porque España es un país sin pretensiones, o sea, una sociedad acobardada sin mayores ilusiones que disfrutar de la playa y el sol, templará gaitas hasta hacerse con el control total del partido, pero no pactará nada con Podemos. Seguirá mareando la perdiz o, en lenguaje taurino, manseará en tablas hasta que le pueda pegar un buen cornalón a quien se ponga por delante. Sánchez sabe bien los gustos del populacho español y ha aprendido en los últimos años cuál es su principal singularidad: la cobardía. O sea, el PSOE de Sánchez seguirá dándonos el espectáculo de siempre. Ni se dividirá en dos partidos. Ni hará una pinza con Podemos. Ni la nueva Ejecutiva conseguirá matar por completo a la vieja guardia del PSOE. Aguantará.

Dudo de que Sánchez pacte con un partido sin salida y sin futuro como es Podemos. Sin salida, sí, porque el Parlamento rechaza cualquiera de sus propuestas, y sin futuro, en efecto, porque sus manifestaciones callejeras son devoradas a las pocas horas, ¿quién se acuerda hoy de la concentración del sábado de Podemos para defender su moción de censura? Podemos se muere cada día más en sus manifestaciones callejeras. Nadie quiere en España vivir como en Venezuela. Pedro Sánchez, pues, no pactará con Pablo Iglesias. Los socialistas no irán a la revolución con Podemos, porque España es ya un país desintegrado, pero aún tiene una vida cotidiana agradable. Eso es algo que nadie quiere perder. Por lo tanto, todo seguirá mortecino. Es un país sin pulso político. Muerto. Rajoy no exigirá nada a nadie, menos a los secesionistas catalanes, Sánchez afianzará sus bases socialistas y no se radicalizará, Podemos se hundirá cada vez más y C´s seguirá más o menos igual… España es solo un mercado de casi 50 millones de habitantes. El resto es faramalla. La determinación de Sánchez es suficiente para que el PSOE sobreviva sin necesidad de Podemos. Tranquilos, pues, y no se dejen asustar por los rugidos de los medios de comunicación. Simulan que está vivos, pero ellos están más muertos que la sociedad a la que pretenden resucitar.