Todos nos podemos imaginar cómo habría sido el discurso de Pablo Echenique si el que no hubiera dado de alta a su asistente y hubiera defraudado a la Seguridad Social fuera cualquier dirigente del PP. Habría hablado de la traición que esto supone para los millones de españoles que pagan sus impuestos y que tienen muchas dificultades para llegar a final de mes por culpa de la política neoliberal de Rajoy y los recortes que han asfixiado a la clase trabajadora y productiva de este país...
Y, del mismo modo, todos nos imaginamos en qué términos se habría dirigido a un gestor público –un ayuntamiento, por ejemplo– si éste reconoce que se pagaron extras en el Hotel Palace de Madrid por varios pedidos de sushi, limusinas para el transporte, por spa con masaje o para el servicio de camareros privados en la suite real para las estrellas de BollyWood. Si esa misma administración pública sale de las críticas alegando que esas facturas se pagaron “por error”, Echenique, muy probablemente, tildaría con buen criterio de tomadura de pelo la excusa a este robo a las arcas públicas.
No deja de ser curioso cómo uno de los representantes de una formación política que defiende siempre a los trabajadores tenga contratado a uno sin contrato o que del millón de euros que el Ayuntamiento de Madrid de Manuel Carmena se gastó para la entrega de los Oscars de BollyWood, la mitad fuera para pagar “extras”, caprichos, antojos...
Oye, que casi 600 euros en sushi es mucho sushi para una sola habitación. Pero es la conocida doble vara de medir a la que nos tienen acostumbrados ya en Podemos. “Consejos traigo, que para mí no tengo” o aquello de “ver la paja en ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro”.
El problema no es tanto el dinero que se gaste el Consistorio si esto revierte en la buena imagen de la ciudad –eso, creo, le parece bien a una mayoría–, sino que se le pagó a una sociedad con sede en un paraíso fiscal. Insisto, esta gestión realizada por otro partido habría sido otro motivo de moción de censura.
Del mismo modo, no sería necesario recordar que la actuación de Echenique choca frontalmente con el código ético del partido si no fuera porque desde la dirección de Podemos se han posicionado al lado del infractor. El secretario de Organización de Podemos puede ser sancionado por Inspección de Trabajo con una multa de hasta 25.000 euros y, lejos de amonestarle, los que mandan en el partido se ponen de su parte. Lo dicho, si esto pasa en el PP, PSOE o Ciudadanos sería motivo de ataques incesantes pidiendo su dimisión.
Explicaba el ministro de Justicia el otro día que la corrupción no es un problema exclusivo del PP, que también se encontraban casos en otras formaciones, incluso entre los recién llegados. Mucho se comenta: si Podemos o Ciudadanos no tienen corrupción –que se sepa– es porque no llevan el tiempo suficiente “tocando pelo” como para haber tenido la tentación de meter la mano en la caja. ¿Un prejuicio por mi parte? Puede ser. El mismo que tienen –o tenían– todos los que empezaron en esto de la política hace relativamente poco tiempo haciendo eje fundamental de su discurso la crítica a la casta.
La corrupción es inherente al ser humano. El que puede, sabiendo siempre que no le pillarán, lo hace. A los hechos nos remitimos. Una ambición mal entendida. ¿Que los hay que se salvan? Seguro, pero dependerá del partido que sea para dudar de ellos. En cualquier caso, ¿qué se apuestan a que no vemos las caras de Echenique o de Carmena en el ‘Tramabus’?