La última oportunidad para disparar la ventaja sobre Tom Doumolin fue desaprovechada. El neerlandés, especialista en la lucha contra el crono, partirá con menos de un minuto por remontar en la contrarreloj que el Giro Cento ha reservado para la jornada final de Milán. Casi 30 kilómetros bastan, a priori, para que el corredor que superó hoy la crisis de ayer se alce con la primera maglia rosa para su país. Quintana y Nibali, con más corazón que piernas, nunca consiguieron poner contra las cuerdas al favorito. Además, Thibaut Pinot, el ganador del día, se ha metido de lleno en la pugna por el podio, pudiendo dejar al jefe de filas de Movistar fuera de los tres primeros.
Y es que la penúltima etapa, de 190 kilómetros y entre Pordenone y Asiago, ha reafirmado la igualdad en montaña de todos los gallos, en palabras de Eusebio Unzué. Tanto el tiburón siciliano y vigente campeón como el cafetero, y sus equipos, intentaron despegar al todoterreno del Sunweb, pero las fuerzas no les respondieron en los dos últimos puertos reseñables de esta edición centenaria de la carrera. Los seis primeros se mantuvieron en segundos, dentro de la compresión de la clasificación general, y el gran beneficiado fue Pinot, que ganó al sprint a Zakarin, el verdadero provocador de tormentas este sábado.
Quintana llegó quinto, cinco posiciones por delante de un Dumoulin retrasado, que se benefició de las luchas particulares de sus compañeros de viaje. Jungels, Yates y Mollema le darían relevos en el intenso final de etapa para neutralizar el tramo de desestabilización que vivió en el revirado ascenso a Foza, con un cúmulo de revueltas que favorecía los cambios de ritmo de los escaladores ligeros. Pero, con 14 kilómetros de falso llano tras hacer cima, el neerlandés pudo recomponer la figura y ya descansa en su hotal, afilando su colmillo ante un desenlace contrarreloj que le caer como anillo al dedo.
La etapa se desarrollaría como un plagio a la del viernes, la de la única debacle del favorito. La edición más justada del Giro (1.30 minutos es la horquilla en la que se mueven los seis primeros) pautó su crepúsculo con una escapada de nivel lanzada casi desde el inicio. Filippo Pozzato cruzaría primero el puerto inicial, el Muro de Ca`del Poggio. Entonces, el grupo de favoritos les dejó ir y Movistar manejó a un pelotón que llegaría a peder seis minutos con respecto a los fugados.
Zakarin probaría suerte desde temprano, con Quitana y Nibali saliendo, raudos, a su estela. Los movimientos del ruso alzaron la exigencia del recorrido y el momento trascendental acontecería a 23 kilómetros de meta. La escapada fue neutralizada y Zakarin volvió a saltar, en este caso con Pozzovivo. Ambos figuran en la lista que pelea por al general en ese lapso reducido de tiempo, por lo que, aunque lograrían escaparse, los líderes reaccionarían lanzando una persecución vertiginosa a lo largo de la ascensión postrera.
Quintana, Nibali y Pinot se atacaron, sin demasiada coordinación cuando formaron un grupeto que hirió a Dumoulin. El neerlandés cedería 30 metros en su peor brete del día. Sin embargo, las fuerzas no propulsaron la ascensión del trío que iba por delante, y sobre Jungels recobraría el rictus el rezagado. Así, Pozzovivo coronó Foza con 10 segundos sobre el grupo de Nairo y Dumoulin los mantuvo a tiro, con una bajada y 14 kilómetros para rodadores.
Zakarin y Pozzovivo serían alcanzados, finalmente, por Nibali y compañía, pero Dumoulin y su grupeto sólo podría mantener su desventaja hasta la línea de meta. De este modo, Pinot ganó al sprint desatado por cinco de los seis mejores de la corsa, mientras que el neerlandés entró en meta habiendo cedido menos de lo deseable para el colombiano. Con una crono de 29.3 kilómetros, eminentemente llana, Quintana es líder, con 39 segundos de ventaja sobre Nibali, 43 sobre Pinot y 53 sobre Dumoulin. La agonía no ha terminado y del peso del cansancio dependerá quién descorcha el champán en la Plaza del Duomo de Milán.