Opinión

Diálogo entre España y Marruecos

TRIBUNA

Víctor Morales Lezcano | Domingo 28 de mayo de 2017

Los estudiosos del diálogo —y, a veces, del pulso tenso— entre España y Marruecos estamos de enhorabuena. Veamos por qué.

Primero y no por último, Rocío Velasco de Castro, profesora de árabe e historiadora de inclinación manifiesta, en la Universidad de Cáceres, acaba de dar a luz un documento de peso que lleva por título El protectorado español en Marruecos en primera persona: Muhammad Ibn Azzuz Hakim (Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura y de la Universidad de Granada, 2017).

De Ibn Azzuz Hakim (1924-2014) se ha escrito últimamente algo coincidiendo con su fallecimiento. Remitimos a los lectores interesados al “oráculo” de Internet para situar su personalidad de hispanista de Tetuán, archivero del fondo documental del líder del partido reformista, Abdeljalek Torres, y referente cultural incontournable durante el período final del protectorado hispano-francés en Marruecos. O sea, a través del medio siglo largo que nos separa de aquel entonces.

Velasco de Castro ha tenido la fortuna de ser depositaria del diario que redactó el conocido erudito tetuaní entre 1949 y 1953, período de gestación del nacionalismo combativo en Marruecos. Y como profesional avezada, Rocío ha sabido preceder el diario de marras de una introducción sobre el autor y su época, a la que quien redacta estas líneas ha aportado un merecido prólogo a la contribución bibliográfica que hoy acoge El Imparcial con su habitual apertura publicística. Un apéndice documental, apasionante para los norteafricanistas, cierra este volumen que aquí se reseña, y por cuya generosa edición han apostado las universidades de Extremadura y Granada.

También estamos de enhorabuena en el gremio español de los norteafricanistas porque, esta vez, un hispanista marroquí, Mourad Zarrouk (Universidad Hassan II, en Casablanca), de no menor inclinación histórica que la profesora Velasco de Castro ha alumbrado un libro que se titula Clemente Cerdeira, intérprete, diplomático y espía al servicio de la Segunda República (Editorial Reus, 2017). De Cerdeira (1887-1942), también se han escrito algunas páginas, y no siempre a gusto de sus apologetas, puesto que se trató de un vástago de raíz española, aunque de familia arraigada en el ámbito tangerino-tetuaní de finales del siglo XIX. Ello hizo de Cerdeira un conocedor desde dentro de la sociedad yeblí y rifeña del Marruecos alauí de entonces. Poseía Cerdeira el árabe clásico, y es de suponer que, también, la variante local (dariya), así como unas dotes intransferibles, para mediar entre los actores de diferente fuste que le tocaron en suerte durante el ejercicio de su función de intérprete. El hecho de su inclinación política pro republicana no le hizo persona grata al régimen dictatorial, que emergió de la fatídica guerra civil española.

Cerdeira —se me ocurre apuntar aquí— fue como el general Castro Girona, o el alto comisario Beigbeder Atienza, de aquellos que poseían un espíritu de servicio a favor del entendimiento hispano-marroquí durante las diferentes coyunturas históricas que ambos países compartieron —junto con Francia— entre 1912 y 1956.

El respaldo documental con el que el profesor Zarrouk ha fundamentado su narrativa, desde Madrid y Tánger, merece una atención especial, equiparable a la suscitada por la obra de Rocío Velasco en cuanto a probidad profesional y rescate de ciertos personajes históricos no tan “grises” como algunos puedan pensar. Estamos, pues, doblemente de enhorabuena; debido a la coincidencia de difusión en el mercado del libro de dos monografías excelentes, cuyos autores proceden de ambas orillas, y cuyas investigaciones biográficas están tan incardinadas en el entramado hispano-marroquí de la época, como realmente lo estuvieron Azzuz Hakim y Clemente Cerdeira. A esto se llama saber profesar el oficio de historiador.