Opinión

Elcano: 500 aniversario de la primera globalización (I)

TRIBUNA

Juan José Laborda | Jueves 01 de junio de 2017

La Asociación de Amigos de Grandes Navegantes y Exploradores Españoles (AGNYEE) -que es una iniciativa de la sociedad civil para poner en valor la Historia de los Descubrimientos o la primera globalización- me invitó a pronunciar una charla sobre la navegación alrededor del mundo de la expedición de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano.

AGNYEE es una iniciativa magnífica, especialmente, en este tiempo deprimente de ficciones o posverdades. El presidente de esa Asociación es José Solá, un prestigioso ingeniero aeronáutico, y el secretario de la misma, Josian Morales, aprovechó mi conferencia para exponer su proyecto de llevar a cabo una navegación por parecidas rutas que las seguidas por Elcano. El acto tuvo lugar en el Instituto de Ingeniería, y en su nombre, Luis Vilches, nos dio la bienvenida y mostró el apoyo de las corporaciones profesionales de la ingeniería española al proyecto de conmemorar el viaje alrededor del mundo. Juan Manuel Eguiagaray, antiguo ministro y portavoz parlamentario socialista en el Congreso de los Diputados, me presentó ante los asistentes, con la simpatía de un amigo verdadero, con el que comparto idénticos compromisos con causas cosmopolitas y patrióticas como las de AGNYEE.

Éstos son algunos párrafos que dediqué a contar de un viaje que se inició en Sevilla el día 10 de agosto de 1519:

“La leyenda del escudo que le dio Carlos V a Elcano puede ser el lema de la globalización. Atención, está escrito en latín, idioma que hasta la Iglesia Romana prescinde ahora de él.

Debajo del cuartel con el símbolo del reino de Castilla, aparecen nueces moscadas, clavos de olor y dos palos de canela.

Estado y consumo de mercancías lejanas, es el contenido de aquella globalización. De otra manera, Derecho y capitalismo, dos vectores de la globalización de signo europeo.

¿Nos imaginamos la globalización que resultaría con China mandando en el mundo?

Europa será siempre la síntesis de los ideales del Mediterráneo con los del Atlántico; es decir, Derecho y capitalismo; política y Estado.

Éste podría ser el final de la valoración y relato del viaje de Magallanes y Elcano.

No obstante, creo que hay que decir algo sobre Antonio de Pigafetta y su diario y notas de su viaje alrededor del mundo.

Pigafetta fue un símbolo en si mismo, como europeo. Él fue un noble, como sabemos, y eso le abrirá todas las fronteras de los reyes europeos. Desde luego, con el más europeo de todos, Carlos V, emperador de Romanos. Pero cuando regrese a Europa, después de su entrevista en Valladolid con el emperador, a partir de 1522 Pigafetta ofrecerá sus escritos a los reyes de Portugal, Francia y al papa Clemente VII, además de a varios aristócratas potentados.

Pigafetta se había enrolado en la expedición buscando la gloria de Marco Polo, y por eso se embarca con papel virgen, tinta y plumas. Es un escritor europeo, síntesis del Mediterráneo y del Atlántico, pero sus escritos dan testimonio global, lo que quiere decir que Europa ya está en el centro de la Historia Universal.

Su Relazione del primo viaggio intorno al mondo, publicado en Venecia en 1536, y sus notas, que fueron descubiertas y publicadas en el siglo diecinueve, son fuentes únicas y excepcionales del viaje y de los sucesos que ocurrieron durante los casi tres años que duró éste.

No voy a resumir la obra de Pigafetta. Hay que disfrutar leyéndola. En todo caso, el libro de Stefan Zweig, Magallanes: el hombre y su gesta, que se basa en los textos de Pigafetta, es un magnífico y placentero resumen del viaje, y que está en la estela literaria de su famosísimo “Momentos estelares de la humanidad” (1927).

Pigafetta describe verdaderamente hechos nuevos, nuevos seres humanos, lenguajes, mares, paisajes, animales, plantas, emociones…. Captamos la rivalidad entre Magallanes y los españoles; la violencia habida en la bahía San Julián, a casi 50º grados de latitud sur, en medio de una soledad amenazante; el cruce del Estrecho, y la alegría que surge cuando salen al anhelado mar del Sur (como lo había llamado Vasco Nuñez de Balboa, su descubridor), al que renombran “Pacífico”. Pero los tres meses y veinte días que navegan por ese océano desconocido, hasta que llegan a unas islas que después serán las Filipinas, serán terribles: los hombres mueren de escorbuto, de hambre y sed, o envenenados por comer bizcochos con gusanos, ratas y cuero, y bebiendo aguas putrefactas.

Y en Filipinas, Magallanes muere en una emboscada que le tiende un caudillo musulmán, en Mactán, el 27 de abril de 1521, y Pigafetta salva su vida, aunque resultará herido.

Elcano tomará entonces el mando. Llegarán a las Molucas, aunque se han perdido vidas y barcos, y se perderán aún más, y algunos han desertado de la flota o quedarán prisioneros de los portugueses.

Elcano decide no volver por el Pacífico. El recuerdo de las penalidades cruzándolo, y sabiendo que no encontrarán vientos para regresar por la misma ruta, él se arriesga a volver a España por mares de soberanía portuguesa.

Llegan así a Cabo Verde, e intentan que los portugueses crean que la Victoria es una nao que vuelve de América, destrozada por los temporales. Descubierta la treta, Elcano escapa velozmente de Cabo Verde, aunque tiene que dejar 12 tripulantes en la isla, que serán detenidos.

En el último tramo, “la teoría” será objeto de “debate crítico” en una tripulación de 18 supervivientes, que son, por todos los motivos, un símbolo de Europa. Francisco Morales Padrón, el gran americanista, resume así el debate: “Habían comprobado que en Cabo Verde era jueves, mientras el cómputo de a bordo señalaba miércoles. La explicación del fenómeno estaba en que el día en un barco que avanza en el sentido del sol no es de veinticuatro horas exactas, pues a cada grado sobran al día cuatro minutos. Por tanto, al andar 360º habría perdido un día”.