Opinión

Jai Alai de Ciudad de México

TRIBUNA

Alberto Peláez | Viernes 02 de junio de 2017

España se encuentra en cada rincón de México. Ahora que se cumplen cuarenta años del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y España, se buscan excusas para acercar cada vez más a dos países hermanos que nunca dejamos de serlo, incluso habiendo una Guerra Civil y una Dictadura por medio.

El frontón Jai Alai se ha reabierto en la Ciudad de México. Me enteré recientemente y fue una de las mejores noticias que he conocido en las últimas semanas.

En España, el frontón Jai Alai de la Ciudad de México es desconocido. Sin embargo para la capital mexicana, ese frontón fue algo más que un lugar para el deporte de la pelota vasca. Se convirtió en un icono de pelotaris, en un centro de ideas, en el lugar de glamour de los años cuarenta; se convirtió en un sueño por cumplir y en ensoñaciones que se evaporaban al ver una realidad de esa España que no salía de sus cenizas, mientras México intentaba ayudarla acogiendo a tantos españoles que encontraron en tierras aztecas un ostracismo perfecto.

Porque México era España así como España se matrimoniaba con México. Por eso el Jai Alai, que fue construido en 1929 con un estilo Art-Deco y que se encuentra enraizado en el Centro Histórico de la ciudad de México, representó eso y mucho más. La singularidad vasca, el saberse vasco y español fueron determinantes en aquel mítico frontón donde triunfaron remarcables pelotaris vascos y mexicanos como Aquiles Elordbuy, Mikel Arriola o Julen Guenetxea.

Porque en aquellos cuarenta nuestros, España quería sacar su cuello y respirar libertad. En México ya lo hacían por los españoles. Cada golpe, cada chasquido contra la pared del frontón, era una bocanada que gritaba libertad para contagiar, con el eco del golpe de la pelota contra la pared, al resto hasta que llegara a España. Por eso nunca se ha perdido a la solidaridad entre ambos países hermanos.

El Jai Lay fue uno de esos vasos comunicantes, a pesar del océano insalvable y la dictadura indestructible. Pero nadie dudaba que España podía estar tan cerca o tan lejos como uno quisiera. El Jai Lay estaba lejos de España pero cerca de sus corazones.

Fue también punto de reunión del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica encabezado por la genialidad de Jorge Negrete o Mario Moreno “Cantinflas”. En definitiva, el Jai Alai, ha sido, es y será más que un frontón.

Me alegro que Mikel Arriola haya ayudado a reivindicar y consagrar, con sus raíces vascas el Jai Lay. Habla muy bien de quien busca ahondar en sus raíces, para que éstas no desaparezcan.

Porque no hay nada más nostálgico que el olvido de la memoria. Por eso, al pelotari y al amigo les agradezco que haya ayudado a renacer el Jai Lay de la Ciudad de México, un lugar privilegiado para cualquier español que venga al país azteca. Pensará que manejó con el coche hasta el País Vasco. Pero no. Se trata del Jai Alai y está en la Ciudad de México.