Mandy Harvey sufrió una enfermedad que le hizo quedarse sorda y, sin embargo, pese a la adversidad, continuó cantando como llevaba haciendo desde los 4 años.
Y es precisamente ese afán por no rendirse el que le inspiró para componer esta canción con la que logró conmover tanto a los asistentes como a los jueces, que le dieron el pase directo a la final.