Juan Diego Flórez ha vuelto a demostrar ante el público del teatro de la Plaza de Oriente no solo su enorme e indiscutible calidad artística, sino también su carismática personalidad y la cercanía con el auditorio. También, el compromiso con su Perú natal, donde el próximo 1 de julio ofrecerá un concierto benéfico para los damnificados por los huaicos. Lo ha anunciado él mismo cuando al final del concierto ha interpretado, ya en tiempo de descuento, el tema que, en sus propias palabras, se ha convertido en el himno de la reconstrucción, “Contigo Perú”, del compositor peruano Augusto Polo Campos.
En todo caso, lejos de “acostumbrarnos” al listón tan alto que pone en cada uno de sus conciertos, Juan Diego Flórez sigue sorprendiendo al respetable. Como si siempre tuviera más, y mejor, que ofrecer, el tenor peruano ha protagonizado la última cita del ciclo Las Voces del Real con un concierto en el que ha estado especialmente brillante, provocando espontáneas exclamaciones de agradecimiento – “Gracias, maestro” se ha podido escuchar más de una vez desde el patio de butacas – y de auténtico delirio. El considerado mejor tenor lírico de la actualidad – para muchos el mejor de la historia y para el resto, uno de los diez más influyentes -, ha interpretado un programa compuesto por grandes arias de Rossini, Mozart, Leoncavallo, Puccini y Verdi, que no ha dudado en combinar con temas “populares” para los que él mismo se ha acompañado de la guitarra. Casi tres horas de privilegiada y memorable cita que culminaba con un último y celebrado bis, “Granada”, que el peruano regalaba al público que anoche llenaba el coliseo madrileño, sin prisas por marcharse, sabiendo que con Flórez uno sale, como poco, con un estupendo sabor de boca.
Los primeros “bravo”, llegaban para Flórez después de interpretar el aria “Vado incontro al fato estremo”, de la obra mozartiana “Mitriade, re di Ponto”, a punto de alcanzarse el meridiano de la primera parte del programa. La Orquesta Titular del Teatro Real, a las órdenes de la batuta del estadounidense Chistopher Franklin, ya había interpretado las Oberturas de “Il matrimonio segreto”, del compositor Domenico Cimarosa, y de “El rapto en el serrallo”, de Mozart, a las que seguiría otra gran obertura, la que anuncia el rossiniano Otello, y con la que los músicos y el maestro de Pittsburgh cosechaban su mayor reconocimiento de la noche. Sería, sin embargo, después del descanso, cuando el delirio iría in crescendo por cada aria que interpretaba con la intensa elegancia, el fabuloso virtuosísimo, la extraordinaria habilidad para la coloratura y el impecable control de la respiración, que caracterizan al tenor admirado por Plácido Domingo. Con tres temas de Ruggero Leoncavallo, Flórez abría la segunda parte del recital: “Aprile”, “Vieni, amor mio” y el famosísimo y bello “Mattinata”, antes de volver a pasar el testigo a la Orquesta Titular del Teatro Real para que ejecutara la que es pieza indispensable del verismo, el Intermezzo de Cavalleria Rusticana compuesta por Pietro Mascagni en 1890.
Para, a continuación, abordar a Puccini y desde el compositor italiano, conquistar definitivamente al público con dos de las grandes interpretaciones de la noche. Exquisito, intenso, en la cúspide del virtuosismo, Juan Diego “daba cuenta” de “Avete torto… Firenze é como un’albero Fiorito”, de la ópera Gianni Schicchi, e inmediatamente después, ponía al público por primera vez en pie con su colosal interpretación de “Che gélida manina”, el aria más conocida de La boheme. Giuseppe Verdi ha sido, por último, el compositor elegido para finalizar el cuidado programa con arias pertenecientes a sus óperas “I lombardi” y “La traviata”, a las que Juan Diego ha “añadido” por sorpresa “Questa o quella” de “Rigoletto”. Una sorpresa que él mismo se ha encargado de explicar: había olvidado el tema que iba a continuación. Por eso, en Italia, ha bromeado Flórez, no es bueno que a uno le digan que tiene “testa di tenore”. Generoso con los bises ante un público que seguía aclamándole en pie, el tenor nacido en Lima en 1973, ha incluido en la despedida la famosa canción del compositor argentino León Gieco “Solo le pido a Dios”, que él solía cantar “de chico” y cuya letra ha calificado de inspiradora, y otro tema popular también mundialmente conocido, la canción mexicana “Cucurrucucú paloma”, escrita por Tomás Méndez.