TRIBUNA
Natalia K. Denisova | Lunes 19 de junio de 2017
“No apoyaremos al monopolio militar que oprime a los cubanos”. Ésta es la declaración de Donald Trump que pone fin a la legitimación internacional de la dictadura castrista en la isla de Cuba. Trump ha puesto en marcha las medidas totalmente contrarias a las que negoció Barack Obama que contó con la mediación secreta del Vaticano. He aquí la razón del luto global de todos los medios de comunicación y demás progres, entre cuales, por desgracia, tenemos que incluir al Papa Francisco. El discurso de Trump es el fin de esta patraña ideada en secreto que, con la entrada de nuevas inversiones, le daría vida al régimen medio asfixiado, sin dar nada a su población, ni siquiera la remota promesa de una vida digna.
¿Cuál es el meollo del problema? ¿Qué “maldad” defiende Trump para poner tan histéricos a todo el mundo? A Trump se le puede acusar de todo menos de retórico. Su discurso es fácil de entender: “Sabemos lo que pasa ahí y no lo olvidamos. Cuba debe legalizar los partidos, permitir elecciones supervisadas, liberar los presos y entregar a los fugitivos. Mientras no haya libertad, habrá restricciones.” Sus medidas contra el comercio con la isla se basan en sencillo razonamiento: más de 60% de la economía cubana está en manos de los militares y servicios secretos, la población recibe 0% de estos negocios, por lo cual Trump prefiere parar las inversiones que engordan el régimen en detrimento de la mayoría desamparada. El representante de la Casa Blanca anunció que esta medida no perjudicaría a los proyectos que ya están en marcha, aceptados en tiempo de Obama, como Starwood Hotels Inc que pertenece a Marriott International Inc y va a administrar el Havana hotel. Trump pidió ayudar a la gente de Cuba y asegurar que el dinero americano invertido en Cuba llegue a su población y no a las manos de sus gobernantes. Él no pondrá impedimento alguno a los viajes familiares de cubano-americanos ni tampoco a las remesas que ellos envíen a la isla o sus negocios particulares en la isla.
Aparte de la falta de democracia en la isla, hay otro aspecto que hizo a Trump reconsiderar el acuerdo de Obama: la seguridad. Se conocen muy bien los vínculos entre la tiranía de Cuba con la de Venezuela, con lo cual abrir las relaciones económicas con Cuba es equivalente a financiar otras dictaduras hispanoamericanas. La marcha atrás de Trump es fundamental para garantizar la seguridad en la región. Cuba, como hace medio siglo, sigue siendo la mayor amenaza para la seguridad de los Estados Unidos. A los Castro se les acusa de tener vínculos con Corea del Norte y con el terrorismo internacional, sin mencionar su papel en el tráfico de drogas.
“Cuando los cubanos den pasos concretos, estaremos listos para volver a negociar un acuerdo”, afirmó el presidente Trump y añadió “No quedemos callados frente a la opresión comunista”. ¿Quién se ha quedado callado frente al sufrimiento del pueblo de Cuba? Muchos, muchísimos políticos europeos no sólo se han quedado callados, sino aplaudieron el restablecimiento unilateral de las relaciones con Cuba. Pero más canallas todavía que los políticos son los medios de comunicación que no informan, sino hacen ideología con sus falsas profecías sobre la decisión de Trump, llamándola “Es la vuelta al frío”.