Como vaticinaban los sondeos, Emmanuel Macron ha logrado una holgada victoria en las elecciones legislativas. Así, el partido del presidente francés, La República en Marcha -LRM- obtiene 294 escaños en la Asamblea Nacional, 5 por encima de los 289 que marcan la mayoría absoluta. La nueva cámara, pues, cuenta con un partido emergente que dominará la política francesa durante los próximos años y otros que deberán replantearse muchas cosas.
Los 103 asientos de los Republicanos, con Fillon y Sarkozy fuera de juego definitivamente, les permitirán al menos tener algo más de visibilidad que el resto. El Frente Nacional de Marine Le Pen ha pasado de disputar la presidencia al propio Macron a 8 exiguos escaños que ni siquiera les valdrán para formar grupo parlamentario propio. Pero el mayor descalabro viene por la izquierda.
Se confirma la debacle histórica del Partido Socialista, que pasa de controlar la Asamblea a sólo 27 escaños, frente a los 18 del antisistema Melenchon. Por más que la gestión de Hollande haya sido manifiestamente mejorable, tampoco sería justo hacer recaer en él toda la responsabilidad de este fracaso. De hecho, parte de las impopulares reformas que los socialistas iniciaron -y que les han costado un alto precio electoral- tendrá que culminarlas Macron, lo que a buen seguro generará una gran conflictividad social. En todo caso, comienza la era de Macron por un lado y la de la recomposición -cuando no desaparición- del resto de fuerzas políticas por otro.