La masa social xeneiz vuelve a celebrar tras un último trienio pleno de sinsabores. Al tiempo que el club de La Bombonera atravesaba un periodo de transición del que huyó Carlos Tevez, en el que figuras como Juan Román Riquelme y Carlos Bianchi, constructores del Boca glorioso de los dos mil en que la entidad renovó su mística como rey de América, se hicieron a un costado y la directiva también se la vio y se la deseó hasta que logró cosechar una paz precaria -situación que aflige también a la Asociación de Fútbol Argentono (AFA)-, Rosario Central se hacía abanderado del balompié argento y River gritaba alegría, para más inri, relegando a los bosteros al olvido.
Pero en pleno huracán surgió la figura del Mellizo Guillero Barros Schelotto. El extremo habilidoso y guerrero, que fintaba, llegaba a gol y nutría de asistencias a Palermo cuando los bonaerenses derribaron al Madrid de los galácticos, fue el designado para tomar las riendas de una reconstrucción que contó con más cantera americana, no sólo nacional, como es acostumbrado en el club que estuviera en manos de Macri, el actual presidente de la República Argentina. Bajo el mandato del técnico astuto ha crecido una generación que ha tocado su primera muesca triunfla con un nombre detsacado del resto del camarín.
"La figura de Boca es Benedetto, sin dudas", manifestó Riquelme en la misma entrevista en la que explicó que cada vez que habla Diego Armando Maradona cambia de canal (nunca superaron sus diferencias relativas a la salida del 10 de la selección argentina tras la llegada al banquillo de El Pelusa). Además el último gran mito bostero expuso que "Guillermo como jugador era demasiado bueno y como entrenador nos está por regalar un torneo" e hizo hincapié en el hambre de un club relegado al rol secundario en los últimos cursos: "El año que viene el hincha de Boca no se va a conformar con llegar a la final de la Libertadores, la va a querer ganar".
En efecto, el título número 32 en la historia de Boca, certificado con 59 puntos y tras el pinchazo de Banfield, arribó con dos jornadas por jugar. El Obelisco de la urbe argentina se llenó de camisetas amarillas y azules en el festejo del regreso del coloso. Darío Benedetto fue el pichichi (18 goles) de un campeonato de 30 jornadas en el que los xeneizes acumularon 17 triunfos, ocho empates y tres derrotas. Una relación estadística no resplandeciente pero efetiva para legitimar el proceso de renacimiento al que ha hecho frente una entidad descabezada de figuras y nombres rimbomantes que han liderado a su manada en las últimas dos décadas. No en vano, Benedetto ha padecido la lupa abrasiva de todo heredero de Martín Parlemo.
La no participación en competiciones internacionales valió de bastión energético y de concentración para un bloque ideado por Barros Schelotto que juega de manera vertiginosa con la pelota. La velocidad de los jóvenes valores Ricardo Centurión y Cristian Pavón se sumó a la efervescencia de Rodrigo Bentancur, la clase ordenadora del colombiano Sebastián Pérez y la seguridad y experiencia genuina de Pablo Pérez. Todo ello envuelto en el patronazgo de un Fernando Gago, al fin, esquivo a las lesiones. "Estoy disfrutando muchísimo. Fue muy importante el esfuerzo de todo el año y, en lo personal, es muy importante esta conquista porque en su momento estaba pasando una situación muy difícil (dijo por las lesiones que sufrió en la temporada)", declaró el ex madridista.
El Mellizo, que a partir de este punto tendrá el cetro de la Libertadores como obligación, expuso que "lo ganamos de manera merecida dentro de la cancha. Es raro festejar así, pero lo merecemos". "Mirando el partido por televisión se me vinieron a la cabeza los campeonatos que gané como jugador. Lo mismo a mi mujer, a mis hijos, a todos", sentenció un técnico consagrado que ha logrado la complicada tarea de volver a cohesionar el vestuario bostero.
Boca ha vuelto y, en palabras del Riquelme, podría ser una consecuencia natural de la ampliación de la duración de los torneos domésticos en Argentina. "Con el torneo largo vamos a tener que acostumbrarnos a que los campeonatos largos los ganen Boca o River. Va a ser como en España que los títulos siempre los ganan el Barcelona o Real Madrid", diagnosticó el último enganche puro argentino. El reclamo del no derribo y traslado del club de la Bombonera queda, por tanto, para otra fecha menos señalada.