Opinión

Fraude de ley

TRIBUNA

Gabriel Albendea | Viernes 23 de junio de 2017

Me parece que en España se permiten demasiadas cosas que no debieran permitirse, porque no se admiten ni se admitirían en otros países de nuestro entorno. Por ejemplo, que estén en el Parlamento español partidos separatistas que presumen de no ser españoles, que odian a España y sólo quieren destruirla. Incluso Podemos no parece tener claro que España sea una nación y Sánchez ha corregido aquella frase desafortunada de Podemos de “nación de naciones” diciendo que se trata sólo de naciones en sentido cultural y no político.

En España se admite el error absurdo de transferencias de educación a las Autonomías en un País que tiene el problema del nacionalismo. Desde luego a quien se le ocurrió eso tenía una mente privilegiada, porque es evidente que una nación no puede subsistir sin la enseñanza de una historia común. Y me da la impresión de que ahora mismo no hay ninguna esperanza de que alguien intente remediar el desaguisado. No hay Nación en la que el Jefe del Estado tenga unas funciones menos claras. La ausencia absoluta de consultas directas al pueblo sobre cuestiones en las que hay un gran disenso social no deja de ser un déficit democrático. Por más que se diga que esas consultas son propias de las dictaduras no es cierto, también se hacen en muchos países democráticos. La existencia de la acusación particular, que utilizan casi exclusivamente unos partidos políticos contra otros, causa una situación democrática enrarecida. Además, la existencia de asociaciones de funcionarios de la carrera judicial de índole política es un escándalo al que extrañamente no se sabe por qué el Parlamento no pone remedio.

Así se podría seguir con otras muchas cosas. Una de ellas y muy importante es el asunto de la moción de censura, teniendo en cuenta que ya se ha planteado tres veces, que quizá habría que regular mejor en cuanto al sentido que tiene. No hace falta ser un gran jurista, ni siquiera jurista, sino que basta el simple empleo de la lógica, de la a veces está exenta la Constitución, como en el caso del artículo 155, inaplicable en su ambigüedad, digo que sólo empleando la lógica cabría entender que cuando el legislador tiene la intención de que la moción de censura sea constructiva está diciendo que no puede plantearse pintorescamente como una sesión de circo para rédito político de un partido ni lucimiento personal de nadie. Por lo que si se pretende evitar eso, que es lo que evidentemente quería el legislador, establecer una moción constructiva y no destructiva, tiene que tener no sólo visos de prosperar, sino absoluta seguridad. Porque interrumpir una legislatura en la que ha ganado un partido por el capricho de unos cuantos diputados es una cosa muy seria. Y utilizar la moción sabiendo que no puede prosperar es, según se debe interpretar la intención del legislador, claramente un fraude de ley. Otra interpretación sería absolutamente ilógica. Y espero que los tribunales se apliquen a impedir más fraudes de ley, porque desprestigian la democracia española. Las tres mociones de censura de la democracia han sido un fraude de ley como una catedral.

Gabriel Albendea es escritor.

Su último libro: ¿Por qué Marx se equivocó?