Opinión

La libertad como destino

TRIBUNA

Francisco Massó | Sábado 24 de junio de 2017

A más libertad, más genialidad. La originalidad sólo crece en el jardín donde todo es posible; allí donde la confianza del educador en el potencial creador del discípulo genera complicidad, que es un vínculo permisor; alienta la imaginación, que es un pilar del poder humano; da cauce a la intuición, excita la curiosidad y favorece el desarrollo genuino del otro.

La libertad se agosta con el despotismo, sea cual sea el carácter que éste tenga. Quizá el más desertizante sea el teológico. Bajo el trueno de la voluntad de Dios, Abraham estuvo en un tris de cometer parricidio; los cruzados medievales acudieron solícitos a fracasar en Oriente Medio, que entonces se llamaba Tierra Santa; las luchas contra cátaros indefensos, hugonotes intransigentes y católicos voraces de mil indulgencias, siempre se han hecho en nombre de Dios, sepultando sin piedad la libertad de conciencia. Hoy seguimos sufriendo el dolor diario, aterrorizados por este tipo de despotismo absoluto y metafísico, pero cruel con el género humano.

La libertad de pensamiento ha tenido un desarrollo incierto. El afán de prevalecer, de tener consigo la razón, toda la razón y nada más que la razón ha suscitado batallas campales entre platónicos-agustinianos contra aristotélicos-tomistas; frailes escolásticos contra nominalistas, etc. Algunas de estas disputas las zanjó sin paliativos la Inquisición, mientras estuvo en vigor aquel monumento de la intolerancia. Cuando la pugna fue civilizándose, al disidente se le acusó de acientífico y se le fue expulsando de la cátedra; o se le consideró peligroso y se le desterró, fuera a Siberia por ver si se moría, fuera a Fuerteventura, para que se le secara el cerebro entre cabras, dunas y abrojos.

La Institución Libre de Enseñanza hizo de la libertad una condición esencial de su metodología docente; fructificó y tuvo una catarata de éxitos a cual más sonoro: Ortega y Gasset, Santiago Ramón y Cajal, Federico García Lorca y toda la Generación del 27, incluido Alberti; en el Arte, Dalí y Buñuel, con Manuel B. Cossío de erudito, apasionado por el Greco; el lingüista Menéndez Pidal; asociado Rey Pastor, como científico de exactitudes; Fernando de los Ríos, un socialista de pro. Fue el proyecto y la misión del talante krausista y del talento liberal excelso de un maestro, que fue catedrático y siguió dando clases mientras era ministro de Educación; se llamó Giner de los Ríos y parece que lo hemos perdido, como si España no pudiera soportar el éxito de la singularidad, que brilla con luz propia.

En efecto, de la ILE nació una pléyade de genios, que llenan de gloria el primer tercio del siglo XX y dieron lugar a la Edad de Plata. No obstante, ellos fracasaron al encontrarse con el despotismo ideológico de Durruti con sus libertarios, Largo Caballero con sus Jurados Mixtos y los soviets de Andrés Nin, Carrillo y La Pasionaria. Huelga decir que estas huestes ideológicas iban armadas de pistolas y fusiles. La violencia, toda violencia, es asesina de la libertad; también la pedagógica de la letra con sangre entra, el palo y la zanahoria, aforismos de ideología, fascistoide en su procedimiento y fascista en su alcance.

Sin libertad, ni siquiera hubiéramos necesitado Redención, dice Erasmo de Roterdam; porque sin libre albedrío tampoco podríamos ser inculpados de nada, ni seríamos acreedores a reconocimiento meritorio alguno.

El hombre, con todas sus pretensiones de grandeza, pasa por ser un mero perrito supeditado a las recompensas. Entre el condicionamiento clásico (Pavlov), el operante (Thodinke, Skinner y otros) y el social (Bandura) tienen a la libertad hecha unos zorros, reducida a delirio inaccesible y magnífico, mero halago para el narcisismo de la especie. Es decir, un flatus vocis. Sí, eso, un desahogo vacío.

Sin embargo, la libertad no deja de ser un valor en construcción, un derecho a conquistar, un ideal del yo por conseguir. El camino es una senda de amplitudes y no directividad, que aleje la línea del horizonte, para que cada uno vea y se oriente, aprenda a optar y a rectificarse, hasta cuajar una experiencia fiable, sabia, construida en el quehacer cotidiano, personal e intransferible.

La diversidad que se concreta en cada individualidad es la sal y la pimienta de la tierra, antípoda de la vulgaridad y alejada a años luz de la mediocridad ordinaria. Mientras el vulgo busca la adaptación y la conformidad a los cánones pre-establecidos, el genio va por libre, buscando su camino, roturando senderos nuevos y haciéndose un caminante cada vez más experto.

¿Utopía?

Piensen en la ILE y sus resultados, porque contra los hechos, no valen argumentos. Krause, en Alemania, no tuvo éxito; allí son adictos al imperativo categórico que, de entrada, otorga mayor seguridad, aunque luego derrape estrepitosamente; en cambio, en el Sur, generó un nicho de éxito, incompatible, ciertamente, con las diversas dictaduras, despotismos ilustrados y demagogias sin lustre.