Opinión

Eurosocialismo

TRIBUNA

Raúl Mayoral | Domingo 25 de junio de 2017

Con Pedro Sánchez en la secretaría general, el PSOE vuelve a padecer el mismo cuadro clínico contagiado por Podemos: subida de la tensión demagógica y del azúcar sectario. Recaída en patologías provocadas por arrumacos con Pablo Iglesias. ¿Qué fue de Alberto Garzón y su abducida izquierda? El Partido Comunista, legalizado por Adolfo Suárez, ha tenido en Iglesias a su sepulturero, quien ya tiene reservada la fosa para un desnortado socialismo.

Sin una visión nítida de España, el PSOE no puede tener una visión atinada de Europa. Quien no sabe apreciar la unidad nacional ¿cómo apreciará la unidad supranacional que postula el CETA? Con dos secretarías generales de Ferraz a sus espaldas, a Sánchez se le sigue notando el pelo de la dehesa. Persiste en esa política de aldeanismo propia de ciertos progres, a los que ya desenmascaró hace más de setenta años un socialista de la talla del belga Paul Henri Spaak: Admitamos que han cambiado los tiempos: las ideas que teníamos los socialistas acerca de la religión y el clericalismo hace cincuenta años, no pueden ser defendidas en el día de hoy. Quítese religión y clericalismo y póngase otro concepto como España o europeísmo. El europeísmo, que es una preocupación por la aventura de Europa en el mundo, resulta en Sánchez una maldita secuela de la casta. Hubo un tiempo en que España estaba en Europa pero no era Europa. Nos distanciaba de Europa la enorme diferencia que va del ser al estar. Con Sánchez se corre el riesgo de repetir aquello: Ser pero no estar. Este inconsistente político se debate en un dramático dilema: Largo Caballero o Besteiro, militantes o votantes, populismo o socialdemocracia.

Somos los europeos los únicos que podemos protagonizar la aventura de la Europa descrita por Ortega y Gasset: muchas abejas pero un solo vuelo. Ocurre que es precisa una fe profunda en los destinos de nuestro continente para alcanzar ese estadio abejorro. Y se carece de esa fe cuando se dan constantes pruebas del optimismo de verbena que ya inaugurara Rodríguez Zapatero en el socialismo español. Es posible que el problema capital de Europa no pueda resolverlo la Unión Europea sino cada nación por sí misma, pero es cierto que la Unión Europea por sí sola pondría término a muchos problemas e, incluso, podría estimular afinidades más profundas que las meramente políticas. La envergadura del CETA implica saber apreciar un problema financiero, un problema económico, un problema social y un problema político. El partidismo estrecho de Sánchez nos cuesta caro. En política, el tonto irrita más que el malvado. El tonto es feliz con una madeja en la que se pierde el hilo y no ve las dificultades que repercuten unas sobre otras y se agravaban mutuamente. La madeja acaba convertida en una masa de incoherencias y contradicciones que desemboca en una riada de desaciertos y traspiés. Un eurosocialismo travestido de antieuropeísmo. Pura cosmética de pasarela.